La cara estrella de Despierta América, que se recupera en su casa del coronavirus, ha contado a su amiga y compañera Neida Sandoval cómo hace frente a los retos difíciles de la vida como este.

Por Teresa Aranguez
Julio 24, 2020
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Es difícil no verle sonreír y es precisamente esa sonrisa la que anima a millones de latinos a despertarse cada mañana y arrancar cada día. Karla Martínez lleva 20 años en televisión dando lo mejor de sí misma, se considera una bendecida pero, como a todo el mundo, también le suceden cosas duras, la clave está en cómo afrontarlas.

Hace unos días el equipo de Despierta América se ponía en cuarentena al darse a conocer que uno de sus integrantes, Alan Tacher estaba contagiado del coronavirus. Poco después era la presentadora mexicana quien confirmaba que también había dado positivo.

En una entrevista con Neida Sandoval, compañera y amiga por años, confesaba cómo reacciona a esos episodios de la vida que no esperábamos pero que, en cambio, nos toca vivir. "Creo que cuando uno pasa por momentos tristes, en mi caso particular, es Dios. Y me rindo ante él, y digo, yo no puedo, te lo dejo a ti. Ayúdame", explica sincera.

Tal es su fe que reconoció a la periodista hondureña que en algún momento pensó en entregarle la vida a Dios. "Yo quería ser monja", dijo. Menos mal que cambió de opinión y hoy nos acompaña en las mañanas desde su otra casa, Univisión, donde comenzó hace ya dos décadas en el famoso programa Control.

Mucho ha llovido desde entonces. Se ha casado, tiene dos hijas y es una de las presentadoras estrella de la cadena. De todo eso, de su país, México, que dejó atrás para perseguir un sueño y de sus abuelitos, su pilar y gran inspiración, conversó con la que fue presentadora de Despierta América durante 15 años, los mismo que lleva Karla.

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Padecer el coronavirus es duro, mucho, pero no es el episodio más difícil que le ha tocado vivir. "Claro que he pasado momentos tristes, cuando mis papás se divorciaron a mi me dolió muchísimo porque yo siempre he sido una persona muy de familia y de un momento a otro el núcleo se destruyó", recuerda la conductora mexicana.

Sin embargo, el tiempo y la experiencia le han enseñado a aceptar que todo pasa por algo. "Dios siempre tiene un camino para cada uno de nosotros, en el momento no lo entendemos y decimos '¿por qué me pasaron estas cosas?' y después te das cuenta que era para mejor", sigue convencida.

Una charla entre amigas donde mirar hacia adelante con positividad es el mensaje principal con el que nos quedamos.