Por Teresa Aranguez
Updated Diciembre 03, 2016
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Credit: GOFUNDME

La vida es aterradora en estos momentos para Sherri Papini, la madre californiana que desapareció misteriosamente durante 22 días después de su salida rutinaria a correr y reaparecía la mañana del Día de Acción de Gracias a la deriva de una carretera encadenada y golpeada.

“Cuando las luces se apagan, las puertas se cierran, cuando ella escucha ciertos sonidos, es algo que todavía no sé cómo manejar y necesitaremos a alguien que pueda ayudarla desde un punto de vista profesional”, dijo su marido Keith en entrevista con Matt Gutman en el programa 20/20. “No es sólo un largo camino, es algo que nunca vamos a olvidar”.

Sherri, de 34 años, Keith, y sus hijos Tyler, de 4, y Violeta, de 2, ahora viven en una localización secreta para salvaguardar la privacidad de la joven y hacer posible su curación física y, sobre todo, psicológica.

Por su parte, la Policía está en búsqueda de dos mujeres de origen hispano, armadas y conduciendo una furgoneta negra, según indica el Sherrif del Condado, Tom Bosenko. Tanto a Keith como Sherri les parece que las secuestradoras son mujeres. “Si se te acercara un vehículo con dos tipos grandes, ¿te acercarías a él?”, comparte el marido de la víctima.

El 2 de noviembre los secuestradores de Sherri la llevaron en el coche durante dos horas y media sin llegar a verles las caras. “Estaban cubiertas por completo. Había armas”, comentó Keith en dicho show televisivo. “Literalmente fue un infierno para ella”.

Pero definitivamente el momento más emotivo de todos fue el abrir la cortina y verla allí, de vuelta a casa, aunque no en las mejores condiciones. “Su pobre carita, la abracé y la sostuve en mis brazos. Creo que la tuve en mis brazos unos 20 minutos. Me dieron náuseas viéndola así”, siguió explicando Keith. “Los moratones eran muy fuertes, tenía golpes de haber sido maltratada, pateada y eso era muy difícil de ver”.

A día de hoy y con más tranquilidad, Keith asegura sentirse todavía inquieto al saber que los culpables de tal aberración siguen sueltos. “Pero mi familia está conmigo ahora. Estoy feliz de que mi esposa esté de vuelta. Ya no tengo que criar a mis hijos sin ella”, confesó emocionado.

Y a su vez los pequeños están encantados de tener a mami en casa. Cuando se reunieron con ella no pudo evitar llorar. “Tyler le dijo a Sherri ‘uno no llora cuando está feliz', a lo que mi esposa contestó: ‘cuando estás así de feliz, sí se llora'”.