La presunta agresora dijo que se trataba de un acto sexual consentido en el que ella era una loba y su amiga un vampiro. Su aparente víctima cuenta una versión muy diferente del insólito caso.

By Joaquim Utset
October 31, 2019

Según a quien se quiera creer, lo que sucedió en una casa de Rochester Hills, MI, el pasado septiembre fue un cuento de auténtico terror o un juego sexual llevado a los extremos.

Lo que es seguro es que los agentes que entraron a la 1:30 a.m. al dormitorio de la casa encontraron un escenario digno de Halloween: una mujer desnuda encima de otra en paños menores tirada en el suelo, ambas cubiertas de sangre. Los policías, que entró al inmueble a través de una puerta sin llave, habían acudido en respuesta a la denuncia de unos vecinos de que se estaba produciendo una pelea y que se oían gritos de dolor.

“[La mujer desnuda] parecía estar en un estado de alegría”, testificó el alguacil de sheriff Shawn Hopkins en el juicio del caso que se lleva a cabo en estos días en un tribunal estatal de Michigan, informó el canal WDIV Local 4 de Detroit, MI. “Se lo estaba pasando bien. [La otra] estaba quiera, parecía estar casi en estado de shock”.

De acuerdo al agente, la mujer desnuda identificada como Allison Weaver, de 44 años, les contó que estaban manteniendo “relaciones sexuales consentidas” las que ella hacía de loba y la otra mujer, de 48 y de la que no se proporcionó el nombre, de vampiro. La sangre, les dijo, era falsa.

Hopkins, siempre según WDIV, agregó que la mujer en el suelo presentaba una gran herida en la zona de su ojo y mejilla izquierdos, aparentemente producto de una mordida, y que parecía faltarle parte de la oreja izquierda.

Cuando retiraron de la habitación a la presunta agresora, la agredida negó que se tratara de un acto sexual consentido y les relató un cuento completamente diferente, que repitió el martes en corte desde el estrado de los testigos.

Según contó, las dos se habían conocido hacía tiempo a través de sus hijos y esa noche había invitado a Weaver a su casa. Tras un rato de charla amenizada con alcohol y un beso demasiado amoroso de la invitada, la dejó en la sala y se fue a dormir.

Ya en pleno sueño, dijo, se despertó cuando Weaver saltó sobre su cama y a cuatro patas la empezó a mirar de una forma “muy extraña”.

“Yo le decía: ‘¿Qué haces?' Saltó encima mío y me empezó a estrangular”, recordó. “Lo siguiente que recuerdo es que traté de escapar y escucharle decir a ella, claramente, sin reverberación en la voz: ‘Lo siento [el nombre de la víctima], hoy te toca morir”.

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Aseguró que empezó a gritar desesperadamente y dar golpes en el suelo pidiendo ayuda. No se acuerda de las mordeduras, ni de la llegada de la policía, ni de su traslado al hospital. Como resultado de la presunta agresión, detalló, además de las lesiones mencionadas, tenía marcas de mordeduras en el estómago, los genitales, los pechos, la espalda y la cabeza.

“Son cicatrices con las que viviré toda mi vida”, agregó.

Tras su arresto, Weaver fue imputada con un cargo de conducta sexual criminal en segundo grado, agresión con intento de causar un daño físico grave y agresión con intento de lisiar. Luego se le agregó el de agresión con estrangulamiento.

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