"Me juzgaron según el color de mi piel y el color de mi nieto", dijo Abel Mata después de ser interrogado por la policía tras denunciarle una mujer que se le acercó con una espada, en un acto claramente racista.

Por Nuria Domenech
Septiembre 05, 2020
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Escuchar el relato de este encantador abuelito mexicano, residente de Torrance, California, después del traumático momento que acaba de vivir, te rompe el corazón. Dentro de esta ola de ataques racistas que se han vivido durante estos últimos meses en los Estados Unidos, parece inconcebible que hechos así continúen sucediendo.

Así relató el triste suceso Abel Mata, con su nietecito jugando en su regazo, mientras conversaba con la periodista Carolina Sarasa para Edición Digital de Univisión. Mientras se encontraba con el pequeño Milo afuera de su casa, una mujer se acercó gritando que lo estaba secuestrando, portando una espada de samurai, y le habló a la policía para denunciarlo.

Abel Mata y su nieto Milo
Video Grab IG Cristina Sarasa

Cuando la policía acudió, él estaba cargando el equipaje en su carro:

“Fui rodeado por dos camionetas de policía de Torrance y me dijeron que estaban buscando a un latino que había secuestrado a un niño y me sorprendió que era yo a quien estaban buscando”, confesó.

“Llevé al oficial a mi casa para que vieran que allí estaba mi nieto, con mi esposa. La señora estaba en el callejón, junto a mi casa, gritando que yo era el secuestrador del niño”.

Cuando vio la espada, este responsable abuelo le increpó a la policía: “Mire señor, lleva una espada esta señora, ¿qué va a hacer con eso?” y la policía le comentó que más tarde se encargarían de ello.

El abuelo de Milo está muy confundido después de este insólito y racista suceso: “Duele mucho. No esperaba que algo así ocurriera. Como latino, todos tenemos experiencias así pero no a este nivel, es la primera vez que me ocurre algo así” y confesó que se le saltaron las lágrimas durante esos humillantes momentos.

“No se siente muy bien, les voy a decir, después de vivir en los Estados Unidos por tantos años y luego de repente sentir que no pertenezco aquí, eso duele mucho”.

Como la espalda de su acusadora estaba envainada, la policía le aseguró que no podían levantar cargos contra ella. ¡Vivir para ver!