Esta es la terrible situación que enfrentan enfermos terminales contagiados del virus, el saber que no podrán despedirse de sus familiares en sus últimas horas de vida.

Por Teresa Aranguez
Marzo 25, 2020
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El coronavirus, ese gran enemigo que azota cada día con más fuerza en el mundo, no solo está dejando miles de víctimas mortales sino también el horror de que sus víctimas mueran solas. El fácil contagio de este virus ha llevado a gobiernos europeos como los de Italia y España a tomar serias medidas tras el fallecimiento de sus afectados.

La verdad detrás de las muertes es muy dolorosa. Las víctimas conocedoras de su fatal destino no pueden despedirse como quisieran de sus seres queridos. Ese es el pan nuestro de cada día en los hospitales. Según la doctora Francesca Cortellaro, del hospital San Carlo Borromeo en Milán, esta es la gran pesadilla que viven los enfermos del COVID-19.

“¿Sabes qué es lo más dramático? Ver a los pacientes morir solos, escucharlos mientras te ruegan que les digas adiós a sus hijos y a sus nietos”, ha expresado con profunda tristeza al periódico italiano Il Giornale.

Una situación que también ocurre en España donde los familiares en muchas ocasiones han de despedirse mediante una llamada telefónica o videollamada. Un dolor que hace más daño a veces que la propia muerte, que en este caso no puede ser digna.

Los velatorios son prácticamente inexistentes. Los fallecidos por coronavirus han de ser cremados en 24 horas como mucho para evitar una mayor propagación. En el caso de celebrarse las funerarias no permiten que haya más de seis personas y siempre con una distancia importante entre ellas. No hay besos, ni abrazos de consolación.

Una situación que ha cambiado también el ritual de los entierros y funerales. Los primeros son en ocasiones solitarios, sin asistencia, y cuando la hay es a través de muros, vallas y distancias prudenciales que impidan el acercamiento, siempre con un mínimo de personas y todas protegidas con mascarillas y guantes.

Los funerales prácticamente no existen. O son aplazados o, tal y como se viene ofreciendo por parte de algunas empresas, se llevan a cabo a través una videoconferencia por internet, igual que algunos sepelios.

Todo entorno a la muerte es en tiempo exprés. No hay misa, no hay palabras de aliento, no hay nada. El duelo se hace aún más doloroso por la imposibilidad de recibir el amor de los tuyos. Una situación terrible para las víctimas pero también para los que se quedan, pues desde el otro lado de la barrera lo sufren con verdadera angustia.

En Italia se acaba de crear la campaña El derecho a decir adiós, una iniciativa que promueve que las personas a punto de partir puedan despedirse de los suyos a través de las nuevas tecnologías. Uno de los líderes del partido demócrata, Lorenzo Musotto, ha encabezado esta propuesta que, dentro de todo el dolor, permite que la muerte sea un poquito menos solitaria y cruel.

El coronavirus es aterrador para todos pero especialmente para nuestros mayores. Ellos son las principales víctimas. Sus sistemas inmunológicos débiles y bajos en defensas no pueden resistir a su ataque convirtiéndoles en sus primeros objetivos.

En España varias residencias de ancianos se han visto fuertemente golpeadas por esta pandemia llevándose consigo decenas de personas. Según el diario El País se sobrepasa el centenar de muertos de la tercera edad en estos centros. Algunos de sus internos presentaban los síntomas pero nunca llegaron a ser diagnosticados.

La falta de claridad y transparencia en algunos casos concretos ha hecho que familiares de las víctimas hayan recurrido a la justicia para denunciar a los centros a cargo de sus mayores. Un turbio asunto más que se suma a la larga lista de tragedias que está dejando esta enfermedad.