La tenista puertorriqueña afronta el US Open con la esperanza de darle la vuelta a un temporada poco exitosa tras su oro en Río.

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Un año después de tocar el cielo en las Olimpiadas de Río y ser recibida como una héroe en su país, la tenista puertorriqueña Mónica Puig sabe que no ha cumplido todas las expectativas que había generado la medalla de oro que se colgó en tierras brasileñas.

Los triunfos en el circuito profesional que auguraba su victoria en la final olímpica ante la entonces número uno del mundo, la alemana Angelique Kerber, no se han materializado. Puig ocupa actualmente el puesto número 70 del ránking femenino de la WTA, muy lejos del 27 que alcanzó en octubre del año pasado, según la Federación Internacional de Tenis.

“Sé que no ha sido un año muy fácil, no ha sido un año con mucho éxito, pero voy hacia delante”, dijo la tenista a People en Español durante un encuentro con niños en el marco del US Open, que empieza el próximo lunes en Nueva York. “Ojalá pueda salir de este hoyo”

Puig espera que el abierto estadounidense, el último de los grandes torneos del año, le sirva para darle la vuelta a una temporada en la que ha perdido más encuentros de los que ha ganado. “Este torneo es para mí [una oportunidad] para seguir luchando y mejorando, tratando de poner lo mejor de mí”, apuntó.

A sus 23 años, la joven residente de la Florida ya es toda una veterana del circuito desde su debut en un torneo profesional en 2009 en Puerto Rico. Fuera de la medalla de oro, la primera en la historia de la Isla del Encanto, sus mayores éxitos se remontan a su triunfo en el torneo francés de Estrasburgo en 2014 y haber llegado a la tercera ronda de Rolando Garros en 2014.

Ahora sabe que ser una campeona olímpica no solo ha aumentado las expectativas de sus fans, sino la manera en que sus rivales se le enfrentan.

“No es fácil. Después de eso todo el mundo te está mirando de una manera diferente y vienen a la cancha con un poco más de garra”, apuntó. “Pero es algo que tenía que aprender, pasar por este momento para llegar a [ser capaz de superarlo]”.

Quien se mantiene a su lado dándole apoyo es su familia, particularmente su madre, Astrid Marchán, que es quien le traspasó el amor por la raqueta. En estos días por la Gran Manzana es su compañía, contó la tenista, que no quiso revelar ningún detalle de su vida sentimental.

“Gracias a Dios tengo a mi madre aquí. Salimos por la ciudad y estamos compartiendo, y para mí se hace muy divertido”, señaló.

¿Su pasatiempo fuera de las canchas?

“Pasar tiempo con mi mamá”, respondió.