La maestra argentina Mariana Corbalán no solo enseña asignaturas esenciales a sus estudiantes en Homestead, FL, también los ha apoyado durante la pandemia y ahora los espera en su aula con los brazos abiertos.

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Regresar al salón de clases para comenzar un nuevo año escolar llena de emoción a Mariana Corbalán Kurzban. La profesora de la escuela primaria Dr. William A. Chapman en Homestead, FL, está preparando las futuras lecciones y asegurándose de que su salón esté reluciente y bien decorado para darle la bienvenida a sus estudiantes. "Tengo mucha pasión por enseñar", dice la argentina de 44 años. "Me encanta que los niños se alegren. Verles las caritas cuando saludan, vienen y me abrazan".

Preparar a sus jóvenes discípulos para el éxito es algo que va más allá del salón de clases. En el 2020, en plena pandemia, llevó bolsas de comida donadas por la escuela a estudiantes de familias necesitadas. "Ha habido mucha oportunidad de crecimiento espiritual", añade de las lecciones de solidaridad que dejó el confinamiento. "Tenemos que sentirnos apoyados. Estábamos todos en el mismo barco".

NO REUSE - Mariana Corbalan Kurzban
Credit: Foto por Héctor O. Torres

La ayuda fue más que bienvenida: su escuela está catalogada como título 1 porque gran parte de sus alumnos —la mayoría hispanos y afroamericanos— provienen de hogares de bajos recursos. Durante la pandemia, también recibieron computadoras y tabletas donadas, además de conexiones inalámbricas de internet si carecían del equipo para conectarse a sus clases virtuales. Además de llevarles computadoras a sus casas, la maestra les ofrecía ayuda tecnológica fuera de su horario laboral.

"Teníamos que ayudar a los padres que no sabían cómo conectarse [a las clases en línea] o a los niños que se quedaban con sus abuelitas", cuenta. "Tenía que hacer llamadas por FaceTime, WhatsApp o Skype para enseñarles paso a paso".

Tampoco titubea al usar su propio dinero para comprar materiales para proyectos escolares. "El condado nos da un estipendio, pero eso no es suficiente. Toca poner de nuestro bolsillo. Mi esposo me dice: 'Por lo menos estás dando para algo bueno'", comparte risueña. Su iglesia, Christ Journey, en Miami, también la ayuda con donaciones —de cuadernos a plastilina hasta muebles para su clase. "Me derrite el corazón saber que hay tanta gente dispuesta a dar", valora la educadora, un vivo ejemplo de generosidad.

Cuando una de sus alumnas no asistió a la escuela por semanas y sus padres no respondían a llamadas y mensajes de texto, se desplazó hasta a su hogar a llevarle una computadora para que hiciera sus clases en línea y ayudarla. "Resulta que la familia había sufrido tremendo accidente con una balacera", relata. "Fue un shock para mí, pero poquito a poquito la niña pudo venir y trató de terminar las clases. Requería bastante ayuda emocional".

NO REUSE - Mariana Corbalan Kurzban
Credit: Foto por Héctor O. Torres

Su vocación de hacer el bien no termina ahí. En sus vacaciones, en julio, fue con su iglesia a una misión humanitaria a Guatemala. "Todos tenemos la responsabilidad de arrojar luz en este mundo a veces oscuro. Cosechamos lo que sembramos", advierte Corbalán Kurzban, quien viajó con médicos voluntarios a llevar medicinas y pruebas de covid a ese país.

Su mayor recompensa, agrega, no la verá quizás en unos veinte años, cuando espera que sus estudiantes de tercer grado la recuerden con cariño y sonrían al pensar en lo que aprendieron con ella. "Las maestras somos esenciales, importantes en las vidas de los niños y también apoyamos a las familias".