By Joaquim Utset
February 12, 2019 02:32 PM

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Los casi tres meses que ha durado el juicio a Joaquín el Chapo Guzmán, quien fue encontrado culpable de todos los cargos este martes, han dado para acumular una larga lista de momentos dramáticos, sorprendentes y hasta divertidos que fácilmente podrían formar parte del guion de cualquier narcoserie.

Por eso hemos recogido varios de esos momentos que se han vivido en la sala del juez federal Brian Cogan, quien ha presidido el macroproceso contra el mediático capo del cartel de Sinaloa.

La fuga al desnudo

Uno de los testimonios que más drama generó fue el de Lucero Guadalupe Sánchez López, la llamada Chapodiputada y quien mantuvo una larga relación con Guzmán. Una relación que parece no terminó del todo bien, a juzgar por su respuesta cuando se le preguntó la naturaleza de su romance con el capo. "Hasta el día de hoy estoy confundida porque pensé que era una relación de pareja", dijo Sánchez, quien sufrió una crisis nerviosa y estalló en llanto en plena sala del juicio durante un intermedio.

Stringer/EPA/REX/Shutterstock

Entre las muchas cosas que reveló López desde el estrado de los testigos es que se encontraba en la cama con el Chapo en una casa en Culiacán cuando marines mexicanos guiados por un agente de la DEA entraron de madrugada para arrestarlo en febrero de 2014. De inmediato, el capo y López, junto a un secuaz y una sirvienta de la casa, escaparon por un túnel oculto debajo de la bañera del baño principal de la residencia.

El grupo huyó con tanta prisa que al Chapo no le dio tiempo a vestirse y tuvo que correr desnudo por el túnel, que conectaba con las cloacas de la ciudad, para escapar de los marines. Si bien en esa ocasión logró burlarlos, poco días después fue detenido en una población cercana.

Sobornos y corrupción

Entre las muchas revelaciones que ha generado el proceso está la constatación de la profunda corrupción en todos los niveles del estado ha infligido el dinero del narcotráfico, que ha comprado con millones de dólares la colaboración y la connivencia de políticos, policías y militares en varios países.

La acusación más grave fue la que formuló Alex Cifuentes, quien durante un tiempo ejerció de secretario de Guzmán, en su escondite en lo alto de la sierra. El colombiano aseguró que su jefe le hizo llegar en octubre de 2012 a representantes del ahora exmandatario en efectivo y en una maleta un soborno de $100 millones a cambio de garantizar que no se perseguiría al jefe del cartel de Sinaloa.

Pero eso, de alguna manera, solo fue la cereza del pastel de corrupción que se reveló –siempre según los testigos y las pruebas presentadas por la fiscalía– en el juicio, donde se explicó cómo y cuánto costaba comprar la voluntad de las autoridades.

Jesús el Rey Zambada García, quien era el hombre del cartel en Ciudad de México, dijo que solo en la región capitalina se gastaban unos $300,000 en sobornos, lo que entre otras cosas les permitía controlar el aeropuerto del DF. También señaló que en una ocasión entregó a instancias del Chapo $100,000 al general Gilberto Toledano, quien estaba a cargo del estado de Guerrero.

Zambada y otros testigos explicaron que eran las mismas fuerzas policiales las que se encargaban de escoltar los cargamentos de cocaína que llegaban de Colombia, para evitar que fueran incautados y llegaran sin contratiempos a los almacenes de la organización. Cobraban $100 por kilo.

En Ecuador, por ejemplo, el colombiano Jorge Cifuentes, hermano de Alex Cifuemtes, explicó desde el estrado que habían comprado a una unidad militar para que transportara en sus propios camiones los cargamentos que entraban por la frontera con Colombia y que luego se hacían llegar a México en barcos pesqueros.

Por su parte, el antiguo jefe del cartel colombiano del Norte del Valle Juan Carlos Chupeta Ramírez Abadía aseguró que en los años noventa pagó al menos $10 millones en sobornos a legisladores colombianos para impedir la restablecimiento de la extradición y que donó unos $500,000 a la campaña del presidente Ernesto Samper.

Además, contó que llegó a entregar $1 millón una carta de salvoconducto a un legislador colombiano, eso sin contar el dinero que compró a periodistas para no aparecer en los medios.

Conversaciones íntimas

Uno de los momentos probablemente más embarazosos para el acusado fue la revelación de conversaciones íntimas con su esposa Emma Coronel , sus amantes y el hecho de que el celoso narco las espiaba electrónicamente. Las autoridades estadounidenses habían logrado descifrar las comunicaciones del Chapo gracias a la colaboración del ingeniero colombiano que había creado la red para el capo mexicano.

Coronel tuvo que escuchar cómo se leían los amorosos mensajes de su esposo a una de sus amantes, Agustina Cabanillas Acosta , a quien el Chapo llamaba la Fiera. "Eres la persona más importante del mundo para mí", le dijo Guzmán a Cabanillas en uno de los textos.

El escándalo del abogado

El Chapo no fue el único que pasó por el mal trago de que se hicieran públicos mensajes privados. Su abogado Jeffrey Lichtman vio cómo en medio del juicio el New York Post aireó su romance extramatrimonial con otro cliente, la empresaria Sarma Melngailis, a quien había defendido en un mediático caso de fraude.

Don Emmert/AFP/Getty Images; Paul Hawthorne/Getty Images

El diario reveló mensajes de alto contenido sexual que intercambiaron la acusada de 46 años y el abogado de 53, quien está casado y tiene hijos. "¿Quieres ser mía?, ¿Estaría bien si algunos días yo solo uso tu cuerpo para tener un [orgasmo]?", le pregunta Lichtman a Melngailis en un mensaje que le envió pocos días después de conseguirle un beneficios acuerdo con la fiscalía, que ha cambio de declararse culpable le pidió solo cuatro meses de cárcel.

Los motes de los narcos

Una de las muchas habilidades mundo del narco parece ser la capacidad de poner motes a sus integrantes. No solo el acusado es el Chapo, sino que su gran socio Ismael Zamabada es el Mayo y su secretario personal Miguel Hoo Ramírez es el Cóndor.

Uno de los sanguinarios pistoleros del cartel el Ciudad Juárez era el Jaguar, mientras que el narco colombiano Jorge Cifuentes dijo que conoció a Guzmán cuando viajó a México para averiguar qué había pasado con su socio Humberto Robachivas Ojeda.

Aunque uno de los motes que más llamó la atención fue el de Nariz, el secuaz del Chapo que fue quien acabó llevando a la DEA y los marines mexicanos a la casa en Culiacán en que casi lo capturan en febrero de 2014.

Lo que la esposa sabe

En sus pocas entrevistas con la prensa, Coronel asegura haber sido completamente ajena a las presuntas actividades criminales a las que se dedicaba su esposo y culpa a los medios de comunicación de la fama de narco sanguinario que persigue a Guzmán.

"No es justo", aseguró en una reciente con Telemundo en diciembre. "No quieren bajarlo de ese pedestal a ponerlo más como que es una persona normal, común y corriente".

DON EMMERT/AFP/Getty Images; Instagram/alexsandropalombo

Sin embargo, las grabaciones y mensajes de texto interceptados por las autoridades que se presentaron en el juicio resquebrajan la imagen de inocencia que ha adoptado la exreina de belleza. En ellos, Guzmán le cuenta una de sus huidas de último minuto de las autoridades que lo perseguían y en otro ella le expreso su temor de que la estén vigilando la policía.

En otro momento, el capo bromea con su esposa que le comprará un fusil de asalto AK-47 a una de sus hijas para que pueda acompañarlo.

Esos mensajes los encontraron las autoridades, contó un agente de FBI, en unos archivos de un programa de seguimiento y espionaje que el Chapo había instalado en el teléfono de su esposa y de una de sus amantes, con la evidente intención de estar al tanto de todo lo que hacían.

En otro momento del juicio, el exmiembro del cartel Dámaso López Núñez explicó que Coronel fue el enlace entre el Chapo y sus hijos durante la etapa de planificación de su célebre fuga en 2015 de la prisión de máxima seguridad del Altiplano mediante un túnel que llegaba hasta su celda.

El rostro del testigo

Uno de los testimonios que más impresión causó fue el Chupeta, no solo por los asesinatos, las toneladas de coca y los sobornos que detalló en su paso por la sala del juez Cogan. El aspecto del exjefe del cartel del Norte del Valle revelaba los efectos de las numerosas cirugías que se había practicado durante el tiempo que estuvo fugado.

Como demuestran las fotos de abajo, Abadía parecía otra persona después de la transformación de su rostro, que incluso se reflejaba en una piel mucho más rojiza. Reconoció que en su etapa de fugado en Brasil, se operó la mandíbula, los pómulos, los ojos, la boca, las orejas y la nariz.

-/AFP/Getty Images

De todos modos, el nuevo rostro y los millones que se gastó para ocultarse no pudo impedir que finalmente fuera capturado en Brasil en el 2007 y finalmente extraditado a Estados Unidos.

Arepas mortales

Pistolas, fusiles, cuchillos, explosivos… todo tipo de armas ha utilizado el narco para cometer asesinatos. A eso hay que sumar el envenenamiento, como reconoció Jorge Cifuentes en su testimonio. A preguntas de la fiscalía sobre su participación en ajustes de cuentas, recordó que durante su paso por prisión en su natal Colombia en 1984 se le encargó matar a José Gonzalo el Mexicano Rodríguez Gacha, uno de los miembros del cartel de Medellín que también estaba recluido en ese penal.

Para ejecutar el crimen le entregaron un revólver, una navaja, una granada y arsénico. Una mañana, relató, mientras le calentaban el desayuno al Mexicano, le espolvoreó el arsénico en una de las arepas. Pero, para desgracia de Cifuentes, el narco no se la comió. Ante este fracaso, decidió acudir a la granada. Un día se la tiró al interior de la celda, pero la cama de cemento en la que estaba descansando Rodríguez Gacha lo protegió de la explosión.

El socio de Pablo Escobar logró sobrevivir a estos atentados, para acabar muriendo con su hijo de 17 años en un tiroteo con fuerzas de seguridad colombianas en la costa caribeña colombiana cinco años después.

La ficción se encuentra con la realidad

Tanto se ha parecido el juicio del Chapo a un capítulo de Narcos: México, que la famosa serie de Netflix acabó haciéndole una visita a la sala del juez Cogan en Brooklyn en la figura del actor Alejandro Edda, quien interpreta al capo. El mexicano viajó a Nueva York durante un descanso en su trabajo para asistir como público al juicio y tener la oportunidad de ver en carne y hueso a quien interpreta.

Alejandro Edda Instagram

Según los medios presentes, Edda conversó con los abogados del Chapo, quien al entrar en la sala y saber de su presencia, lo saludó con un gesto con la cabeza. Tras el éxito de la primera temporada de Narcos: México, en la que se relata los inicios del trafico de cocaína en los años ochenta, Edda se encuentra rodando los nuevos capítulos del narcodrama en el que el personaje de Guzmán adquiere mayor protagonismo.

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