Con retraso por la angustia de un jurado y en medio de una seguridad estricta, se celebró en el tribunal federal de Brooklyn el primer día del esperado juicio a Joaquín el Chapo Guzmán, considerado el mayor narcotraficante del mundo.

By Joaquim Utset
November 13, 2018 06:40 PM

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El juicio a Joaquín el Chapo Guzmán, uno de los más importantes en la historia de la lucha contra el narcotráfico en Estados Unidos, se puso en marcha este martes en el tribunal federal de Brooklyn, Nueva York, entre explosivas alegaciones de asesinatos y corrupción, y el miedo del jurado a servir en un caso tan señalado.

Un discreto pero estricto dispositivo de seguridad rodeaba el edificio de la corte, a la que acudieron más de un centenar de periodistas de todo el mundo ávidos de seguir uno de los juicios más esperado de los últimos tiempos.

La apertura con la exposición de los argumentos iniciales de la fiscalía tuvo que posponerse nada más empezar la jornada cuando el juez que preside el caso, Brian Cogan, informó que uno de los doce jurados seleccionados la semana pasada le había comunicado en una carta que la angustia de participar en esta causa le había generado “problemas médicos”, que no especificó.

El juez señaló que esa jurado, que ya la semana pasada había llorado al expresar su temor de servir en este juicio, estaba muy angustiada y se corría el riesgo de que “estalle en lágrimas” en cualquier momento del proceso. Por ello decidieron excusarla, igual que a un segundo jurado que en el último momento alegó ser empleado por cuenta propia y por tanto incapaz de estar hasta cuatro meses sin poder atender su negocios.

Eso obligó a las partes a encontrar con el juez dos nuevos jurados, lo que demoró el inicio del juicio hasta bien entrada la tarde.

Con mejor ánimo se vio al Chapo, quien llegó a la corte con un elegante conjunto de saco y pantalón azul oscuro, camisa blanca y una corbata. Antes de sentarse se acercó un poco a los bancos del público, donde se encontraba su esposa Emma Coronel, a la que mandó un beso y un saludo.

A partir de entonces, en los ratos en que estuvo en la sala, no dejó de mirar hacia su pareja y madre de dos de sus hijas, al tiempo que seguía muy atento la traducción que le hacían los intérpretes al oído, ya que el auricular no le funcionaba.

Emma Coronel, esposa del Chapo, en una visita al tribunal federal de Brooklyn en febrero de 2017.
DON EMMERT/AFP/Getty Images

“Dinero, drogas y asesinatos”

Tras la larga interrupción, el juez finalmente dio inicio al juicio dándole la palabra al equipo de la fiscalía para que ofreciera sus alegatos iniciales, en los que el fiscal Adam Fels describió al capo mexicano como un narcotraficante brutal y sangriento que a lo largo de 25 años había creado un “imperio” basado en el tráfico de cocaína colombiana a Estados Unidos.

Según Fells, Guzmán empezó su carrera como un pequeño traficante de marihuana en su Sinaloa natal que logró crecer gracias a su pericia para hacer llegar sus cargamentos a Estados Unidos a través de túneles en la frontera. Con el paso del tiempo, por esos mismos túneles empezó a fluir hacia Estados Unidos cocaína que llegaba en avioneta de Colombia. “Ya no le llamaban el Chapo, le llamaban el rápido”, dijo el fiscal, en referencia a la velocidad en que movía los cargamentos.

Su organización creció en poder y riqueza a partir de su trabajo con Ismael el Mayo Zambada, con quien reclutó “un equipo de contrabandistas, pilotos, asesinos y funcionarios corruptos”.

“Hacían tantos negocios, que les costaba seguir la pista a todos los cargamentos”, agregó Fells, quien señaló que en solo una operación podían ingresar $10 millones.

Aseguró que el gobierno presentará documentos, grabaciones, fotos, testimonios de agentes del estado y testimonios de narco arrepentidos que demostrarán que el Chapo lideraba el cartel de Sinaloa. “Le podrán escuchar [en las grabaciones] cómo administraba su imperio”.

Fells también describió al capo como un gángster sanguinario, orgulloso dueño de un pistola incrustada de diamantes con sus iniciales y un fusil AK-47 bañado en oro, que gozaba de un “ejército privado” con el que “localizaba, interrogaba, torturaba y ejecutaba” a sus rivales. “Guzmán lo llegó a hacer él mismo”, apuntó.

Incluso –siempre según la fiscalía– llegó a asesinar a otro narco y su mujer frente a un cine por pensar que le “habían faltado al respeto” y a su propio primo, cuando sospechó de que colaboraba con las autoridades.

Por eso no dudó en “sembrar de cadáveres” Ciudad Juárez y luego Culiacán cuando decidió eliminar la competencia en esas dos ciudades claves en las rutas del narco. “Verán un video de Guzmán interrogando un rival”, avisó el fiscal, y de como “apretó el gatillo”.

También reveló que, además de sus famosas dos fugas de penales mexicanos, trató una tercera cuando se encontraba en una cárcel de Ciudad Juárez aguardando la extradición a Estados Unidos, que se materializó en enero de 2017.

Una vasta conspiración

En su réplica, el principal abogado del Chapo, Jeffrey Lichtman, no perdió tiempo negando la implicación de su cliente en el narcotráfico y centró su defensa en describirlo como un “chivo expiatorio” señalado por las autoridades para ocultar su colaboración con otro capo más poderosos que sí merecería la etiqueta de “mayor narcotraficantes del mundo”.

“Hay otra versión de esta historia, una versión muy fea. Una versión que el gobierno de México y Estados Unidos no quieren que oiga”, sostuvo el letrado, quien acusó a las autoridades de ambos países de sobornar, conspirar y cometer “crímenes horribles” para ocultar su supuesta connivencia con el narco.

Lichtman aseguró que el Chapo se encuentra bajo la mirilla del Gobierno mexicano desde que le achacaron el asesinato del arzobispo Juan Jesús Posadas Ocampo en Guadalajara en 1993 para, según él, ocultar que eran las mismas autoridades los responsables de su muerte.

Las autoridades mexicanas, con la asistencia de las de Estados Unidos, desde entonces crearon el “mito del Chapo” para desviar la atención del verdadero capo del narco, el Mayo Zambada, de quien dijo que era tan poderoso que podía ordenar asesinatos al mismo Ejército mexicano.

“El actual presidente de México [Enrique Peña Nieto] y el anterior [Felipe Calderón] han recibido cientos de millones de dólares de Mayo”, aseguró Lichtman, quien volvió a repetir la grave acusación por si no se había escuchado la primera vez.

Un portavoz de Los Pinos rechazó rotundamente la aseveración del letrado, según la agencia Reuters.

Lichtman también puso en duda la credibilidad de los narcos arrepentidos que testificarán para la fiscalía, pieza clave del caso de la acusación, advirtiendo de que “han mentido desde el día en que aprendieron a caminar”.

Solo el principio

Los alegatos iniciales de ambas partes fueron solo las primeras salvas del duelo que sostendrán a partir de hoy en la sala del juez Cogan en el octavo piso del tribunal federal de Brooklyn, que puede alargars  hasta cuatro meses.

La fiscalía federal acusa a Guzmán de liderar una compleja organización criminal con sede en Sinaloa que durante tres décadas y mediante métodos brutales -entre ellos miles de asesinatos- logró entrar a Estados Unidos cargamentos de droga valorados en $14,000 millones.

En total, le imputan 17 cargos por narcotráfico, organización criminal y soborno, de los que si es encontrado culpable podría ser condenado a cadena perpetua.

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