¿Darías tu contraseña de Facebook o los contactos de tu celular para poder viajar a otro país? Parece que esas medidas podrían tomarse para quienes quieran venir a Estados Unidos.

By Celeste Rodas de Juárez
April 04, 2017 06:35 PM

La política de inmigración del presidente Donald Trump no solo incluye aumentar la deportación de indocumentados y reducir el ingreso de trabajadores inmigrantes, sino que también incluye un mayor escrutinio de los turistas que ingresan a Estados Unidos que podría incluir medidas extremas como exigir la contraseña de las redes sociales.

Según reveló el diario The Wall Street Journal, los extranjeros que quieran cruzar la frontera estadounidense aún cuando se trate de  un viaje corto, “podrían ser obligados a revelar los contactos de sus teléfonos móviles, contraseñas de medios sociales y registros financieros”.

Así mismo, los viajeros deberán estar dispuestos a responder preguntas sobre sus ideas políticas.

En febrero, en una audiencia ante la comisión de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes, el secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, había mencionado esa posibilidad cuando dijo que la administración actual quería “tener la posibilidad de consultar las redes sociales (de los viajeros) con sus contraseñas”.

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Pero eso no es todo, este endurecimiento de las leyes migratorias también implicaría que los solicitantes de visas provenientes de todo el mundo, incluidos países aliados de Estados Unidos como Alemania y Francia, afrontarían revisiones de seguridad más rigurosas que obligarían a que las embajadas y consulados inviertan más tiempo entrevistando a cada solicitante.

El Journal advierte que este tipo de requisitos generarán aún más gran controversia acerca de las políticas de Trump y podrían generar las protestas de los defensores de las libertades civiles por considerar estas exigencias como una intromisión en la vida personal de los viajeros.

Por otro lado, hay la posibilidad que los otros países impongan requisitos similares a los estadounidenses que viajen a otros países. Eso sin contar el posible daño que puede generar en la industria turística estadounidense si el endurecimiento de los procesos de ingreso ahuyentan a los turistas.

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