La mexicoamericana Claire Risoli limpió casas junto a su madre para salir adelante. La mamá soltera cumplió sus sueños como empresaria al abrir su restaurante Pocha en Los Ángeles y cuenta cómo enfrentó múltiples retos durante la pandemia y no tiró la toalla.
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Claire Risoli Pocha LA
Credit: Courtesy of Pocha L.A.

Visualizar lo que deseaba atraer a su vida y soñar en grande es algo que ayudó a Claire Risoli a alcanzar sus metas. La dueña del restaurante Pocha en Los Ángeles no se rindió a pesar de que la pandemia del coronavirus presentó un gran reto para su nuevo negocio.

"La palabra 'pocha' es algo que siempre me llamaban cuando yo era una niña. Significa 'mexicana americanizada' y me hacía sentir que yo no era suficiente", recuerda Risoli. Sin embargo aprendió a amar la palabra y darle un giro positivo. Risoli pensó que "Pocha" sería un gran nombre para un restaurante en Los Ángeles, donde hay tantas personas mexicoamericanas.

Hace años comenzó a crear tableros con sus visiones, pegando fotos y recortes de imágenes que la motivaran a cumplir sus deseos. Ahí pegó un logo de la palabra 'Pocha', imaginando el restaurante que tendría algún día.

Por diez años, Risoli trabajó como mesera para California Pizza Kitchen, aprendiendo de sus dueños, dos abogados sin experiencia en la industria gastronómica que crearon esta gran franquicia. Inspirada por su ejemplo, trabajó incansablemente hasta que en febrero del 2020, logró abrir su propio restaurante Pocha en Los Ángeles. Eso sí, jamás imaginó que unas semanas después la pandemia del coronavirus la forzaría a cerrar sus puertas. Aún estaba pintando el local y decorándolo cuando comenzó el confinamiento global.

De su madre —con quien trabajó limpiando casas para ganarse la vida— aprendió a no rendirse. Su gran motivación es su hijo, a quien ha criado como madre soltera, y Risoli encontró la manera de mantener su negocio a flote. Comenzó a preparar comida para llevar y a hacer entregas a domicilio. "La comunidad nos apoyó", agradece la empresaria, quien tuvo que trabajar cocinando, lavando platos y sirviendo la comida en su restaurante hasta que pudo contratar más empleados.

Afortunadamente, también recibió $10,000 de la Fundación PepsiCo, como parte de su campaña Juntos Crecemos enfocada en proporcionar apoyo a pequeños negocios hispanos. La ayuda incluye subsidios, asesoría y apoyo de marketing. Esta suma de dinero le permitió a Risoli mantener abierto el restaurante.

También fue invitada a participar en el evento Taste of the NFL como parte de la celebración del Super Bowl. Este evento fue presentado este año por FritoLay y la fundación PepsiCo y al verse ahí Risoli recordó un recorte de la marca FritoLay que había pegado en su tablero de visiones, y agradeció al universo por haber abierto esta puerta.

"No sé cuantas veces quise tirar la toalla", recuerda entre lágrimas y agradece a la campaña Jefa-Owned de PepsiCo por empoderarla. Tuvo que trabajar hasta 14 horas diarias para impulsar su negocio, y recuerda días en que rompía a llorar porque su cocinero no llegaba o había una inundación en el baño del local, y ella tenía que solucionar esa crisis sola.

"Ahora estoy disfrutado los frutos de mi labor", dice Risoli, quien pudo saldar sus deudas y ha visto su negocio florecer. "Si tienes una visión que no puedes sacarte de la cabeza, síguela, encontrarás tu camino y las puertas se van a abrir".