En medio de una crisis nerviosa, Lucero Sánchez López contó con lujo de detalles su vida como la otra esposa del Chapo Guzmán y cómo el narco huyó desnudo por un túnel cuando casi lo atrapan en Culiacán en febrero de 2014. Desde el banco del público, Emma Coronel escuchó el relato con gesto serio y alguna sonrisa desafiante.

By Joaquim Utset
January 17, 2019 05:27 PM

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Lucero Guadalupe Sánchez López, más conocida como la Chapodiputada, revolucionó este jueves el juicio a Joaquín el Chapo Guzmán en un tribunal federal de Brooklyn, NY, al contar su vida íntima con el jefe del cartel de Sinaloa, del que se consideraba su esposa, y cómo el narco huyó desnudo por un túnel en Culiacán con los marines mexicanos en sus talones.

La testigo de la fiscalía, que sufrió una crisis de nervios y tuvo que secarse las lágrimas con un pañuelo en varias ocasiones, desgranó durante más de dos horas su presunta relación profesional y sentimental con Guzmán, quien evitó cruzar la mirada con ella. La esposa del acusado, Emma Coronel, también escuchó el testimonio desde los bancos del público con gesto serio, aunque en una ocasión se vio que se le escapaba una sonrisa desafiante.

“Hasta el día de hoy estoy confundida porque pensé que era una relación de pareja”, respondió a preguntas de la fiscalía la exdiputado del estado de Sinaloa, quien sonaba resentida y sufría un tic nervioso.

Sánchez, de 29 años y quien ahora está a la espera de ser condenada por narcotráfico en Estados Unidos, dijo que estaba pasando con Guzmán la noche del 16 al 17 de febrero de 2014 cuando un operativo de los marines mexicanos y la DEA estadounidense empezaron a golpear la puerta de la residencia en la colonia Guadalupe de Culiacán, Sinaloa, en la que se encontraban.

Aseguró que estaba desvelada cuando a eso de las 3 de la mañana escuchó fuertes golpes y el ruido de helicópteros. En las pantallas del circuito de seguridad de la casa se podían ver a figuras con cascos y la cara cubierta tratando de tumbar la puerta con un ariete. En ese momento, siempre según su testimonio, se acercó a la habitación Miguel Hoo Ramírez, alias Cóndor, uno de los secretario del Chapo.

ALFREDO ESTRELLA/AFP/Getty Image; DON EMMERT/AFP/Getty Images

Un agujero negro

“Tío, tío, abra, nos cayeron, nos cayeron”, dijo Sánchez que les gritó Cóndor. Guzmán saltó de la cama y empezó a correr por la habitación. Seguidamente se metió al baño con Cóndor y la sirviente de la residencia, llamada Chaparrita, y le conminó a Sánchez a que se les uniera.

Una vez en el baño, vio cómo se levantaba la bañera y se descubría la entrada a un túnel al que se bajaba por una escalera de madera, por la que descendieron. “Para mí era horrible”, señaló. “Era un lugar húmedo, lleno de agua, lleno de lodo”.

A los cinco metros se encontraron con una puerta de acero con una rueda que había que girar para abrirla. Cóndor y el “Chepis”, como llamaba cariñosamente a Guzmán, lograron abrirla, y todos salieron corriendo por lo que parece era una tubería de aguas negras. “Él iba desnudo, yo llevaba ropa, Cóndor también y la sirvienta un pijama”, precisó.

Describió el conducto como un agujero oscuro de 1,5 metros de alto, paredes de concreto y lleno de agua, por el que tardaron “más de una hora” para llegar a una salida. “[Estuve] lo suficiente para traumatizarme”, reconoció. Al final se encontraron en el río Humaya, que atraviesa Culiacán. Ese fue el último detalle que contó antes de que el juez Brian Cogan diera por finalizada la jornada.

El Chapo solo logró postergar su captura unos días, ya que fue finalmente arrestado en un hotel de Mazatlán por los mismo marines que lo habían perseguido por Culiacán. Al año siguiente lleva cabo una espectacular fuga, por otro túnel, de un penal mexicano. Los autoridades consiguieron volverlo a capturar a principios de 2016 y posteriormente fue extraditado a Estados Unidos.

Sánchez, que protagonizó un sonado escándalo en México cuando se descubrieron sus vínculos con Guzmán, se declaró culpable el pasado octubre de tráfico de drogas en el tribunal federal de Washington DC. Había sido arrestada en la frontera en San Diego, CA, cuando trataba de ingresar a Estados Unidos.

Actualmente se encuentra a la espera de que se le imponga la condena, que puede ser de un mínimo de 10 años de cárcel y un máximo de cadena perpetua. Con su colaboración con las autoridades, dijo, esperaba que el juez fuera indulgente.

U.S. Attorney’s Office for the Eastern District of New York

 

La otra esposa del Chapo

En la primera parte de su testimonio, contó que conoció al Chapo a finales de 2010, cuando ella tenía 21 años y él ya llevaba tres casado con Coronel. Poco después empezaron una relación sentimental y laboral, ya que Guzmán primero le encargó que se dedicara a comprar marihuana a los campesino en la sierra y luego a la creación de una empresa fachada en Ciudad de México en la que ocultar los beneficios del trasiego de drogas.

Esa compañía, que se dedicaba a comercializar jugos y a la que pusieron a cargo “una persona de bajos recursos” fácilmente manipulable, nunca vendió un galón, pero por ahí lograron lavar $5 millones, dijo.

Aseguró que cuando no estaba de viaje o trabajando, compartió vida doméstica con el acusado, al que se refirió en varias ocasiones como “su esposo”. Le compraba su ropa interior, camisas y lociones, entre otras cosas. ¿Los zapatos favoritos del Chapo? Los tenis Nike, de color negro o azul y negro. ¿La talla de sus pantalones? La 32×32, aunque “por su estatura” se los tenía que recortar. “Yo le atendía como una ama de casa”.

Esa cercanía también le permitió conocer el lado más siniestro del capo, según contó, como cuando en una ocasión, dolido por una delación, se giró y le dijo que “de ahí en adelante” mataría a todo el que lo traicionara, aunque fuera familia.

La relación empezó a entrar en problemas a finales de 2013. “Tuvimos nuestras dificultades y nos distanciamos”, contó Sánchez, quien al año siguiente fue elegida diputada estatal en Sinaloa por “muchísimos votos”.

A pesar de todo, siguieron viéndose esporádicamente cuando el Chapo la contactaba a través de su sistema de comunicación, en el que ella tenía el nombre de “Hermosura” y luego “la diputada”.

“Parecía que nunca terminaba [la relación]”. Por eso, cuando los marines llamaron a la puerta del Chapo esa madrugada de febrero, Sánchez estaba en la cama con el capo.

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