March 02, 2018 12:01 PM

[Entrevista y video grabado, dirigido y editado por Fedora Rivas]

El viaje de la estudiante estadounidense Eva Ringquist a Cuba debía ser en un principio una oportunidad para aprender las danzas folclóricas afrocubanas con profesores locales. Los dos meses que pasó en la isla resultaron ser mucho más que eso.

Hija de padre sueco y madre venezolana, la joven de 19 años ya estaba acostumbrada a vivir en otros países y adaptarse a otras culturas. Por eso no dejó pasar la posibilidad de acompañar a su padre, profesor del prestigioso Berklee College of Music, cuando visitó la isla en el 2016 para estudiar la percusión y la música afrocubana.

Su experiencia viviendo en casas particulares de cubanos, asistiendo a clases con bailarines locales o asistiendo a  eventos alejados del circuito turístico la capturó en un video que compartió con People en Español, y en el que relata un viaje que le cambió la vida y permite ver al país caribeño a través de sus ojos .

“La experiencia en general de vivir en este país y ver cómo funciona la sociedad me causó una honda impresión en muchas cosas”, explica la estudiante de sicología, quien reside en Boston.

Mediante su inmersión en la sociedad cubana trató de entender las contradicciones en que se debate el cubano de a pie y las dificultades que enfrenta dentro de un sistema político autoritario y una economía en crisis perpetua, en la que los artículos más básicos escasean, así como la actitud y el espíritu festivo que mantiene a pesar de la precariedad que lo rodea.

La cámara que acompaña a Eva en su recorrido por Cuba capta a un paraíso desgastado por el tiempo con calles ruinosas, automóviles anticuados, tiendas vacías y una infraestructura insuficiente. “Hay muchos edificios en los que jamás pensarías que hubiera alguien viviendo porque están en ruinas, pero [te encuentras] que ahí viven tres o cuatro familias”, cuenta la joven.

También recoge las sonrisas de los niños jugando en el parque, la música que llena de ambiente las calles repletas de baches y la calidez con que es recibida por quienes se cruzan en su camino. “Todo el mundo fue muy hospitalario y me dio la bienvenida, pero también están un poco locos”, bromea. “Hay una evidente sensación de festividad espontánea en la cultura”.

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Eva, quien también estudia danza y fue una galardonada gimnasta de pequeña, viajó a la ciudad de Matanzas para aprender las bases de la música y las danzas afrocubanas, y asistió a clases particulares en La Habana con un profesor de danza yoruba, que también le enseñó pasos de mambo y salsa. “Esta experiencia y este viaje influirá en mi manera de bailar en el futuro”.

En sus reflexiones a la conclusión de su estancia, Eva se siente inspirada por la capacidad de adaptación de los cubanos y el espíritu con que afrontan su difícil cotidianidad, que considera es un mecanismo para compensar una realidad que no pueden cambiar. “En lugar de vivir en ese entorno enfadados todo el tiempo, lo aceptan como método de supervivencia, y eso es triste”, concluye.

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