La actriz venezolana habla de cómo hace seis años la llegada de Bárbara, su hija, le cambió la vida.
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Scarlet Ortiz ha interpretado todo tipo de personajes a lo largo de sus viente años de carrera artística pero, sin lugar a dudas, el rol más importante de su vida es el de ser mamá. En pareja desde hace diecisiete años con el actor Yul Bürkle, la actriz venezolana tiene una hija de seis años, Bárbara, que es su adoración y su más grande motor en la vida. A ella le dedica todo su amor y esfuerzo para intentar “inculcarle una educación que le quede y aproveche para su vida”.

“No sé qué tipo de mamá sea, solo espero estar haciendo el mejor trabajo posible como madre porque es un trabajo arduo. Educar día a día a un ser humano es una cosa impresionante”, asegura Scarlet en entrevista con People en Español.

La actriz, que ha logrado encontrar el balance perfecto entre su vida profesional y personal, se considera una madre algo estricta. “En la casa casi siempre hay un malo y un bueno como quien dice y en este caso el papá es el consentidor y yo soy la que pone las reglas”, reconoce la villana de la telenovela La fan (Telemundo). “Pero no soy una mamá impositiva”, aclara de inmediato. “Quiero que Bárbara tenga poder de decisión. Que me consulte y yo pueda aconsejarla, pero no quiero imponerle nada”, explica la artista de 42 años.

Scarlet Ortiz y su hija
Scarlet Ortiz y su hija

Para Scarlet –que ha protagonizado telenovelas como Secreto de amor, Alma indomable y Rafaela– ya nada es más importante que el bienestar de su hija, quien llegó hace seis años para cambiarle por completo la vida. “[Cuando te conviertes en mamá] cambian tus prioridades por completo, cambia tu estilo de vida. Hasta la manera de ir al supermercado cambia porque es una vida que entra a tu vida y que viene a cambiarlo todo para bien”, asegura.

“Ahora todo es compartir y todo es por y para ella. Y me encanta. Me hace feliz. Ser madre es una experiencia invaluable, maravillosa. Es un amor absurdo que lo cambia todo. Porque es un amor tan incondicional que ni uno mismo llega a entenderlo. Yo lo disfruto, lo gozo. En algunos momentos tiendes a perder la paciencia porque sí es fuerte, pero lo cambia todo”, concluye.