Madre e hija fueron aisladas nada más producirse el parto.  Por ahora no ha podido abrazar y besar a su bebé. "Eso me desgarra".

Por Teresa Aranguez
Abril 03, 2020
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Una de las escenas que se repiten cada vez más en estos días en los hospitales son las de mujeres con coronavirus que tienen que dar a luz. Una situación que implica separar de un plumazo a madre e hijo una vez producido el nacimiento para evitar un posible contagio.

La medida es necesaria pero también profundamente dolorosa para las madres que pierden ese momento tan único y especial de abrazar, oler y acariciar a su bebé. Este ha sido el caso de Gloria, una mujer italiana infectada del Covid-19 cuya hija apartaron de sus brazos nada más nacer.

“Eso me desgarra”, explicó con el corazón roto al diario Il Corriere della Sera. “He perdido para siempre momentos muy importantes”, recuerda con dolor.

Para dar a luz con seguridad tuvieron que programar una cesárea. Estaría sola como medida de prevención, sin su familia ni su aliento. “Me aterrorizaba dejarlos, convertirme en un número más en lo que ahora parece un boletín de guerra”, cuenta muy emocionada. Gloria supo que estaba contagiada a comienzos del mes de marzo, en plena crisis sanitaria del coronavirus en su país, una noticia que azotó fuerte a los suyos.

Su esposo y su otro hijo también dieron positivo pero afortunadamente eran asintomáticos. Ellos lo han superado desde casa. Ella, desde el hospital. Entre otras cosas, tuvo que ser tratada con el CPAC, el casco de respiración en el que estuvo metida durante seis días. Se ha prometido a sí misma que jamás se volverá a poner un casco de moto.

Ya más recuperada pero todavía luchando contra el bicho, siente no haber podido disfrutar de la mirada inocente de su pequeña, de sus gestos y de sus primeras veces. “Esta enfermedad me privó de muchos momentos y no me lo merecía. Extrañé la primera parte de vida de mi hija. No podré olvidar ese infierno, será una pesadilla toda mi vida”, sigue con gran pesar.

Es por ello que hace un llamamiento a las personas que se plantean salir a la calle con sus hijos y que no dan la extrema importancia que el tema tiene. “Cada paseo puede costarles docenas de agujeros en arterias y venas. Recuerden que son padres y que sus hijos no son inmunes. Sálvate, tienes las armas, solo hay que quedarse en casa. Cuando pueda volver a la mía no me moveré de allí”, concluyó con un halo de ilusión al imaginar ese momento.