Luz Elena González lucha para que su hijo sea aceptado por la sociedad.

Por Carole Joseph
Julio 15, 2020
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Durante la cuarentena, incontables padres han hecho de maestros de sus hijos y tanto estos educadores improvisados como sus alumnos confinados cuentan las horas para la reanudación de las clases. Este no es el caso en el hogar de Luz Elena González. “Mi hijo sabe que salir a la calle implica un riesgo”, dice la mexicana de 45 años de Santiago, de 13. “Prefiere estar en casa, sería muy feliz si su vida fuera en casa tomando sus clases. [El encierro] no me ha costado mucho trabajo en ese sentido”.

Lo que sí le ha costado a la actriz de la telenovela Te doy la vida (Univision) es hacer entender a quienes comparten con su hijo el tipo de discapacidad cognitiva que padece. Si bien Santiago aparenta físicamente la edad que tiene, su mente y comportamiento corresponden a los de un infante y así permanecerán toda su vida. “Ellos entienden la vida de una manera, ven otras cosas”, explica la también presentadora.

Foto: John Monroe; Estilista: Alex Arrazola; Maquillaje: Kathia Cruz; PR: Make It Prensa

El diagnóstico no le ha impedido al chico tratar de vivir una vida plena. Además de asistir a clases en la escuela de educación especial Cedar Valley de Ciudad de México —a la que acude de lunes a jueves, ahora por videoconferencia— está inscrito en terapias de lenguaje y motricidad sensorial, así como en clases de piano, natación y deporte que no se han detenido en la cuarentena. Una de las mayores satisfacciones para la también mamá de María José, de 7 años, es acompañar a su primogénito a sus lecciones de piano. “Obviamente le cuesta muchísimo trabajo, pero le encanta la música”, relata. “Lo poco que toque, [así] sean dos teclas, no me importa, mientras trate de aprender”.

De la mano de su esposo, el empresario mexicano Bernardo Martínez Jacques, de 47 años, y de su otro retoño, González ha logrado ver progresos en su hijo. “María José es una niña muy inteligente. Ha sido parte fundamental en el desarrollo de Santiago”, cuenta de la pequeña, que es la mejor amiga de su hermano, quien la llama Cerebrito. “La gente agrede, pero él se integrará a la sociedad. Las discapacidades tienden a separar a parejas o familias porque no pueden cargar con ellas. [A] nosotros nos ha unido; estamos más comprometidos con nuestra familia y con él para sacarlo adelante”.