Lograr que los pequeños de la casa coman sano a veces resulta un dolor de cabeza. Los especialistas explican cómo hacer más fácil el camino.

By Teresa Aranguez
April 10, 2019 04:40 PM

¿Qué mamá no ha escuchado a su hijo decir en la mesa: ‘eso no me gusta’ o ‘no lo quiero’? Seguro que casi todas. Sin embargo, nunca hay que tirar la toalla. Así lo afirma Mª Carmen Gallego Rodrigo, enfermera y especialista en pediatría. “La infancia es el mejor momento para instaurar unos hábitos saludables. Es en esta etapa y en la adolescencia cuando se produce el máximo crecimiento, por lo que la alimentación tiene un papel muy importante”.

El cómo hacerlo es lo que hay que aprender y trabajar como padres y educadores. La obesidad es la epidemia del siglo XXI en la mayoría de los países desarrollados. Para combatirla Gallego hace una invitación: enseñar a nuestros hijos que comer bien les hará sentir mejor. “La prevención es el pilar para evitar la enfermedad”, dice rotunda.

Una manera de lograrlo es involucrándoles en el proceso de cocinar. “Los niños deben participar y ayudar en la elaboración de la comida, cena o desayuno. Que ellos la manipulen y vean cómo se hace cada plato. Esto les hará sentir motivación a la hora de comerlo”, expresa la experta.

Ayuda en la cocina
Jonathan Mark Ogden/Getty Images

Ser creativos, especialmente con alimentos que no les gustan, ayuda a que terminen aceptándolos sin problema. Por ejemplo, muchos  niños no toleran la coliflor hervida, pues probemos a buscar un ángulo más divertido. “Se la puedes hacer con huevo batido como si fuera tortilla”, sigue Gallego, quien también anima a realizar presentaciones de platos con formas de caras y dibujos que les estimularán.

Otra táctica que funciona es darles cantidades más pequeñas, especialmente de aquellas comidas por las que sienten rechazo. “Eso es algo que hacemos en el comedor de nuestro colegio, las cantidades no son abundantes para que el niño que quiera repetir, repita, y el que es dado a comer poco pueda tomarlo todo o casi todo”, asegura la también enfermera escolar.

Ser creativos

El ambiente que les rodea a la hora de comer también es fundamental. La comida es sagrada y requiere nuestra atención, así que nada de televisión, móviles ni consolas. “Debe ser un momento de convivencia en familia que favorezca el aprendizaje por imitación”, destaca Gallego. El ejemplo de los padres será la mejor lección para sus hijos.

Sabemos que sus platos favoritos son la pizza y las hamburguesas y no hay que quitarlo del menú. Se trata de variar, alternar y hacer tratos con ellos. “Si una noche pongo pescado o legumbre, al mediodía del día siguiente tendrán algo que les guste mucho”, cotinúa.

En realidad, todo se reduce a motivarles y animarles, con disciplina pero sin gritos ni castigos. Llévateles contigo a la compra, implícales en ese proceso y que elijan la comida de un día a la semana. No nos conformemos con darles snacks repletos de azúcar porque es el camino fácil y disfrutemos comiendo una pieza de fruta juntos. Esa responsabilidad adquirida, según Gallego, abrirá su mente hacia otros alimentos.

De compras juntos
Image Source/Getty Images

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Importantísimo: beber agua. En el proceso de alimentación de un niño cumple una función esencial, según Gallego.  “Existen evidencias que indican que proporcionar agua a los niños y que estos tengan una buena hidratación les puede ayudar a rendir mejor en pruebas estandarizadas de concentración, memoria a corto plazo y otros elementos esenciales del proceso de aprendizaje”. Así que incluyámosla en sus rutinas diarias, como lo es lavarse los dientes y ordenar los juguetes.

Veamos todo este proceso como un reto para ayudar a nuestros hijos, no como un lastre. Los buenos resultados no tardarán en llegar y la satisfacción será enorme. “La alimentación saludable de un niño es un proceso educativo y constante donde los padres son el pilar fundamental para crear ese hábito”, insiste Gallego. ¡Merece la pena intentarlo!



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