La actriz venezolana, quien ha participado en exitosas telenovelas como Acorralada y Perro amor, relata en exclusiva a People en Español el difícil y doloroso camino que ha tenido que recorrer en los últimos años debido a la fibromialgia, una enfermedad incurable que se le desarrolló luego del nacimiento de su bebé y con la que ha tenido que aprender a convivir.

By Moisés González
August 14, 2019 07:18 AM

Los que conocen de cerca a Maritza Bustamante o la siguen desde hace tiempo a través de sus redes sociales saben que siempre ha sido una mujer muy positiva y activa –cuando no estaba grabando una telenovela, lo cual era raro ya que a excepción de los últimos dos años prácticamente no ha dejado de trabajar desde que inició su carrera en 2001, estaba bailando, otra de sus grandes pasiones–. Pero esa vitalidad tan característica suya se fue esfumando poco a poco de su vida después de dar a luz a su hijo Santiago en agosto de 2017 al ver que su cuerpo no le respondía como hasta ahora lo había hecho.

"Llegó un momento en que no podía estar en ninguna posición, ni acostada, ni sentada… No entendía qué estaba sucediendo que me estaba impidiendo hacer ejercicio, cargar a mi bebé, bailar… Tantas cosas", cuenta a People en Español la actriz venezolana.

Comenzó entonces una larga búsqueda de médicos para dar con el diagnóstico de lo que le estaba pasando en la que Maritza se sumergió en un pozo de emociones negativas.

"Ningún médico que visitaba daba con lo que tenía y yo no comprendía que después de ser toda la vida una mujer tan activa me estuviera sucediendo eso y que encima no tuviera cura", se sincera la actriz de exitosas telenovelas como Acorralada y Perro amor, quien no pudo ponerle nombre a su enfermedad hasta más de un año después de comenzar a visitar doctores.

El diagnostico, desafortunadamente, no fue nada alentador: la actriz sufría de fibromialgia, una enfermedad caracterizada por dolores musculares crónicos que no tiene cura y que se le desarrolló luego del nacimiento de su bebé.

"Hubo un médico que me dijo ‘Maritza tú tienes que aprender a vivir con eso. Ya no puedes ver televisión acostada, ya no puedes sentarte en un sofá por mucho tiempo, ya no puedes cargar a tu bebé, ya no puedes hacer ejercicio y ya no puedes tampoco bailar. Yo ya había aceptado eso, había aceptado que un médico le dijera a mi esposo ‘yo necesito que tú comprendas que tú estás viendo a tu mujer saludable, pero tu mujer se siente y está como una viejita entonces tienes que tratarla así para que puedas comprenderla", relata la estrella de telenovelas.

"Había otros terapeutas, en cambio, que me decían ‘muévete, haz ejercicio, intenta bailar así sea un poco' pero el miedo era tan grande que me ganaba", confiesa. "Yo decía ‘si bailo voy a estar peor porque las veces que lo he intentado no pude mover la cabeza por dos semanas o no pude caminar por tantos días, ¿para qué lo voy a intentar de nuevo?'".

"También me ganaba la frustración", reconoce. "¿por qué no puedo, por qué si yo era la que estaba en primera fila al lado del profesor bailando y ahora no puedo?', se lamentaba.

Todo esto hizo que la actriz se adentrara en una espiral de emociones negativas que la convirtió en una mujer negativa y depresiva que perdía poco a poco las ganas de vivir.

"De verdad estaba en un círculo vicioso alimentando los dolores porque la impotencia genera más dolor, el dolor genera más frustración, más tristeza, más impotencia y así era el círculo", explica.

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Hasta que un día despertó y tomó consciencia de lo que le estaba sucediendo.

"Dije ‘ya no más. Creo en Dios, tengo un esposo que me ama y me apoya, tengo a mi hijo que me motiva y me hace feliz, tengo animales que me aman con amor profundo e incondicional que me llena mucho y tengo una casa en la que puedo ver el atardecer'", relata visiblemente emocionada. "Gracias a Dios en este momento estoy en otra etapa en la que comprendí y me reconcilié con mi cuerpo. Estoy cambiando mi manera de pensar y sé que me voy a sanar por fe, por convicción".

Fue precisamente en esa nueva etapa de su vida en la que la alegría volvía a formar parte de su día a día que Maritza se animó a compartir recientemente su historia a través de las redes sociales. "Primero para quitarme la máscara y el filtro que tenía ante la gente porque siempre me veían bailando y sonriendo y resulta que esa no era mi verdad. Y segundo me di cuenta de que son tantas las personas que necesitan una palabra, que necesitan ver cosas como las que me atreví a mostrarles", explica la bella intérprete.

A pesar de los dolores continuos que sufre a diario –hay ciertos dolores que siempre están, en mi caso la espada alta y la pelvis del lado inquiero–, Maritza hoy mira al futuro con optimismo y con un propósito de vida muy importante tras atravesar una de las etapas más oscuras de su vida.

"Ahora me encuentro muy motivada y siento que tengo un propósito", comparte ilusionada. "Tengo a tanta gente contándome su vida y eso es tan bonito y tan poderoso que siento que esto que me está sucediendo es un regalo que Dios me está dando para crecer, para superarme y con un propósito de gran valor para ayudar a personas, para animarles. Uno no sabe el gran impacto que puede tener tu historia o lo que puede generar un simple comentario en Instagram".

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