La ex del marido de Thalía contó a una publicación que haber estado casada con él fue "como estar presa".

By Mayra Mangal
July 17, 2019 12:53 PM

La cantante mexicana Thalía y su marido, el productor y empresario Tommy Mottola, mantienen desde hace años lo que parece ser un matrimonio idílico lleno de felicidad que como fruto ha dado una linda familia.

Pero al parecer esa no fue la experiencia de Mariah Carey, quien también estuvo casada con Mottola y quien acaba de decir que haber estada unida al empresario de 70 años fue una verdadera prisión.

“No había libertad para mí como ser humano. Era casi como estar presa”, comentó la artista de raíces venezolanas y nacida en Long Island, NY, a la revista Cosmopolitan.

Cuando Carey y Mottola se casaron, ella tenía 23 años y él 43. “Tú te imaginarías como a una niña-novia”, explicó Carey a la publicación. “Había un esfuerzo consciente para que fuera la típica chica estadounidense, sea lo que sea eso”.

La pareja se conoció en 1991 cuando Mottola era el máximo responsable de Sony Music. Lo que comenzó como una relación profesional se consolidó en el terreno amoroso cuando el álbum homónimo de Mariah se coronó en las listas de popularidad, colocándose como el disco más vendido de ese año. Dos años después se casaron.

El poderoso empresario nacido en El Bronx se ha casado en tres ocasiones. La primera con Lisa Clark, hija del fundador de ABC Records, en 1970. Veinte años después se divorció y al poco tiempo contrajo nupcias con Carey. El matrimonio duró cuatro años y se divorciaron en 1998. El tercer matrimonio tuvo lugar en 2000, cuando celebró una tremenda boda con Thalía en la famosa catedral de Saint Patrick de Nueva York.

Sobre sus anteriores relaciones, el mismo Mottola ha admitido que no todo fue miel sobre hojuelas. “Parece ser que la controlaba. Pido disculpas. ¿Fui obsesivo? Sí, pero eso es parte de la razón de su éxito”, contó en su libro autobiográfico Hitmaker: The Man and his Music publicado en 2013.

Del dolor que pudo haber causado aseguró estar arrepentido. “Verdaderamente me siento apenado por la incomodidad o pena que mis buenas intenciones inevitablemente le han causado”, cuenta en el libro el empresario, quien reconoce que dichos problemas dejaron “cicatrices” en sus hijos mayores.

 

 

 

 

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