La presentadora de El gordo y la flaca compartió cómo vivió este difícil proceso y la lección que le dejó en una reciente entrevista para El break de las 7 (Univision).

Por Moisés González
Julio 22, 2020
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Lili Estefan rompió este martes el hermetismo con el que hasta ahora había manejado el doloroso asunto de su separación del padre de sus hijos. Lo hizo en una entrevista capitaneada por Chiquinquirá Delgado para el programa digital de Univision El Break de las 7, donde la conductora de origen cubano abrió como pocas veces sucede su corazón.

"Ustedes tiene el covid-19 yo tengo el covid-17 y se lo digo todo el tiempo a mi gente 'a mí se me paralizó el mundo en el 2017, a ustedes se les paralizó en el 2019'", reconoció la presentadora del veterano programa de televisión El gordo y la flaca. "A mí la vida me cambió septiembre 11 del 2017 saliendo del huracán Irma, me entero de lo que está pasando y de ahí para allá, o sea no tuvimos chance de salvar la familia, el matrimonio, no se pudo".

Lili Estefan
Lili Estefan
| Credit: Mezcalent

Lejos de suponer una pesada carga para ella, la sobrina de Emilio Estefan aseguró que la pandemia del coronavirus la ha llevado a encontrar la paz que tanto ansiaba tener.

"Lo más grande que me ha pasado en esta pandemia, y que nunca pensé que me iba a pasar, es que por fin encontré paz", afirmó la conductora. "Sabes esa paz que encuentras en que no me quieren llevar a una fiesta, no me quieren buscar un novio… Como que todos estamos iguales y por fin he encontrado paz, o sea paz al punto de qué tranquilidad estar conmigo, eso nunca me había pasado. Yo soy muy fiestera, yo no podía estar sola nunca…".

Lili, que firmó el divorcio a principios de este año, también compartió la lección que le dejaron estos difíciles años en los que su mundo se paralizó.

"Vivir al día, o sea un día a la vez. No hay nada más grande que el tiempo y cuando te lo dicen al principio tú no lo crees, o sea tú dices ‘imposible'. Yo me despertaba a las 8 de la mañana y decía ‘son nada más que las 8 de la mañana, cómo llego a las 12’. Y a las 12 del día decía ‘dios mío son nada más que las 12 del día’. Entonces la meta era visualizarme llegando a las 12 del día sin llorar, sin desenfocarme", contó. "Vivir día a día es lo más grande que uno puede hacer en la vida y eso te lleva a una paz y a una tranquilidad porque todo va cayendo en su lugar, todo va pasando cómo debe de ser y siempre haciendo lo correcto".