La Reina deja a un lado la joya más valiosa del mundo: la magnífica Imperial State Crown de casi dos kilos de peso.

Por Nuria Domenech
Octubre 15, 2019
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Siempre se habla del peso de la corona en sentido figurado para referirse a las graves responsabilidades que arrastran los monarcas. Pero hoy no, hoy ha sido literal.

En un día tan señalado para los británicos como la apertura del Parlamento, el peso de la corona ha hecho que la reina Isabel sustituyera su magnífica Imperial State Crown de casi dos kilos de peso por algo un poco menos impresionante: una tiara de 1.337 diamantes y 169 perlas que encargó Jorge IV a principios del siglo XIX.

En esta ocasión, la fabulosa corona imperial a la que nos tenía habituados este importante día, reposaba cerca de ella pero no en su cabeza.

Se comenta que quizá esto pase a ser usual de ahora en adelante para aliviar la incomodidad de su majestad, que aunque parezca incombustible, se nos va haciendo mayor: 76 años de reinado… ¿Se imaginan?

Además del pequeño retraso con el que llegó la reina, famosa por su puntualidad, la ausencia de la corona imperial sobre su cabeza se llevó todos los titulares de hoy.

Esta impresionante pieza, invaluable por su valor histórico, fue una creación para la coronación de la reina Victoria en 1838. Contiene los cuatro diamantes pulidos más grandes del mundo, además de 200 perlas, 17 zafiros, 5 rubíes y 11 esmeraldas.

Este auténtico tesoro, la joya más valiosa del mundo, según dicen, está siempre rodeada de las máximas medidas de seguridad

La reina Isabel llegó acompañada del príncipe Carlos y la duquesa de Cornualles.