Después de varias cirugías, el hermano en la ficción de Gabriel Soto, Jesús Carús, acaba de superar la difícil prueba de atravesar un cáncer de piel en el ojo y quiso contarnos en exclusiva cómo superó los difíciles momentos.

Por Nuria Domenech
Enero 10, 2021
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El actor Jesús Carús, hermano de Gabriel Soto en la serie Yo no creo en los hombres y Freddy en Cien Días para Enamorarnos en Netflix, acaba de superar un difícil cáncer de piel en el párpado inferior de uno de sus ojos.

Ahora quiere dejar atrás un año muy complicado en el que además de sufrir numerosas cirugías, sucumbió al Covid mientras rodaba en Miami. Hoy conversamos en exclusiva con el actor para People en español para saber los detalles de esta terrible enfermedad que, gracias a Dios, ha tenido un final feliz.

“Estuve con este problema del ojo sin saber exactamente qué era casi dos años. Fui a cuatro dermatólogos en México y ninguno sabía qué era, algunos decían que podía ser una infección crónica, otros que un orzuelo o perrilla, otros que había que esperar… Llegué a Estados Unidos y fui con dos dermatólogos que me dijeron exactamente lo mismo…”, relató el papá de Luciana.

Credit: IG Jesús Carús

“Intuitivamente, dentro de mí sabía que algo estaba mal… De pronto desaparecía, o se me caían las pestañas, después se ponía rojo… Pensé que quizá podría ser algo malo como un cáncer de piel, aunque no quería pensarlo. Pero al fin fui con otro dermatólogo y le pregunté qué posibilidades había de que fuera algo así… El me dijo que solo un cinco por ciento de posibilidades, que era muy joven y que no creía que fuera eso. Aunque después recapacitó: “como llevas tanto tiempo con esto, si fueras un familiar mío te diría que te hicieras la biopsia”.

Una semana después el doctor le confirmó que sus temores eran ciertos: “así que me dijo que había que quitarlo cuánto antes y que no sabía hasta donde hubiera llegado, hasta la mejilla o si había ido para dentro… Tuvieron que quitarme prácticamente todo el párpado de abajo en la primera operación… La segunda cirugía, después de que sanó la primera, fue para la reconstrucción del ojo para que quedara como era antes, pero no quedó bien. Era un caso muy difícil porque en esa área ya no quedaba piel para volverlo a cerrar, así que otra vez tuve que esperar varios meses, para que se secara y volver a intentarlo de nuevo, pero el párpado no se sostenía...”, relata recordando.

“Después de la cuarta operación mi párpado inferior seguía colgando. Mucha gente me decía para animarme, no se te nota tanto, no pasa nada y otros con menos paciencia, acostúmbrate, hay que aceptarlo…”, recuerda resignado. “Pero no me rendí. No les juzgo, porque si no te pasa no es nada fácil entenderlo. No es fácil levantarte, verte todos los días al espejo y verte desfigurado, con medio ojo caído”, aseguró.

“Yo como actor, para mi trabajo, en la cara, te imaginarás que las teles en los close-up todo se ve perfecto. Ni siquiera soy tan presumido, ni soy de los que les gusta verse perfectos, pero te afecta y lo sientes porque sabes cómo te ves y como te están viendo”, confesó con humildad.

“Fue un proceso complicado de muchos meses, de aceptación primero, después de esperanza y al fin gratitud, porque no fue tan grave como pudo haberlo sido. Grabé un show para Telemundo y gracias a Dios, irónicamente con el ojo así, me dieron el papel, eso me subió el ánimo”, dice riendo.

Por fin encontró al doctor, un especialista que sí supo cómo ayudarle y le realizó la última cirugía: “Cuatro semanas después me veo mejor que desde hace año y medio. Muy agradecido con Dios y la vida que acabó este problema durante el año tan complicado, porque quería encapsular tantos problemas en el año pasado para empezar con nuevos horizontes el 2021”.

La experiencia le ha cambiado: “Ahora que todo pasó, mi perspectiva cambio en muchas cosas, verte bien no es algo trascendental. Somos seres humanos, la belleza física es efímera, siempre corremos peligro y lo único que queda es tu fuerza interna, tu espíritu".

"Se superó y me hizo más fuerte, porque empiezas a valorar otras cosas que antes no valorabas. Por el contrario, también me ayudó a valorar más mi cuerpo, a entender que es un instrumento muy importante y hay que cuidarlo, es nuestro templo, donde vive nuestra alma. Mientras mejor esté nuestro cuerpo, más fácil es defenderte en el mundo exterior", reconoció.

"En los momentos más complicados, nunca hay que perder la fe, siempre buscar una rayita de esperanza para saber que siempre existe la posibilidad de salir adelante”, finalizó.