El rostro de la duquesa de Cambridge no pudo ayer esconder la tristeza al llegar a su cena de cumpleaños, durante uno de los días más difíciles para la familia real británica: el mismo día que el príncipe Harry y Meghan Markle comenzaban a gestionar su partida y la exactriz volaba de regreso a América.

Por Nuria Domenech
Enero 10, 2020
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Ayer jueves, nueve de enero, Kate Middleton cumplió treinta y ocho años en medio del insólito drama que reina ahora en el palacio de Buckingham. Quizá fue por eso que la fecha pasó bastante desapercibida entre los medios internacionales, ante el notición del toque de retirada tocado por sus cuñados, Meghan Markle y el príncipe Harry, que cayó como un plomo entre la familia real británica.

La duquesa de Cambridge llegaba anoche a celebrar su cumpleaños en la más estricta intimidad, al volante de su auto y con una cara de tristeza que no solemos ver en ella. Bastante demacrada, podía leerse en su rostro la tensión de los momentos que estaban viviendo en familia.

No se sabe a ciencia cierta quién acompañó a la duquesa durante su cena de cumpleaños, suponemos que seguro sus hijos. Al único miembro de su familia al que vimos llegar fue a su papá, también con un semblante serio y a solas en su auto. Si su mamá o hermanos acudieron a celebrar a la esposa del príncipe William, no existe material gráfico de momento que nos lo indique.

Los duques de Cambridge recordarán a partir de ayer la fecha de cumpleaños de Kate Middleton con un sabor agridulce: será también el día que Harry, el hermano pequeño del príncipe y el cuñado travieso de Kate, decidió enfrentarse a todos por el amor de Meghan Markle y el día que la actriz de Hollywood que decidió dejar todo por amor, voló para dejar atrás el Reino Unido y regresar a la vida libre en América que tanto debe haber añorado.

Es triste pensar como estas dos jóvenes familias que estuvieron tan unidas hace tan solo un año, ahora emprendan rumbos diferentes.

Ojala que el tiempo lime asperezas y los hermanos que todos recordamos tan desvalidos frente al féretro de su mamá, sepan reencontrarse ahora de adultos, a la vez que cada uno encuentra su lugar en el mundo.

De momento queda mucho que negociar y serán la reina y el príncipe Carlos quienes tengan la última palabra de cómo acomodar los deseos del príncipe rebelde al futuro de la monarquía británica.