La pareja de actores mexicanos de "Yo No Creo en Los Hombres" y su pequeña Luciana tuvieron que huir en mitad de la noche de las llamas.

Por Nuria Domenech
Octubre 13, 2019
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Después de los incendios devastadores que padeció el año pasado la costa oeste de Estados Unidos, California vuelve a estar en alarma roja por los fuegos. El denominado Saddleridge arrasó estos últimos días los alrededores de la ciudad de Los Ángeles en el Valle de San Fernando. Después de alcanzar un peligrosísimo ritmo de 800 acres por hora, las evacuaciones obligatorias despertaron en la noche a más de veinte mil familias para convertir su sueño en una auténtica pesadilla.

Uno de los hogares afectados este fin de semana fue el de la pareja de actores mexicanos Eleané Puell y Jesús Carús. Junto a su encantadora hija, la pequeña Luciana, esta televisiva familia de “Yo No Creo en Los Hombres” tuvo que huir en mitad de la noche sin mirar atrás y rezando para que cuando les permitieran regresar, encontraran su casa en pie y sus pertenencias tal y como las dejaron.

Eleané nos cuenta cómo vivieron esos duros momentos en estas declaraciones exclusivas: “Estaba en el concierto de Reik con unas amigas y me llamó Jesús que volviera con cuidado, que había un fuego cerca de casa. Cuando iba llegando vi el incendio desde el freeway, era enorme. Según me acerqué había ya mucho humo en el aire y lluvia de cenizas. Me alarmé muchísimo y empacamos rapidísimo lo que pudimos, los papeles importantes, un par de cambios de ropa, y ya cuando las cenizas empezaron a entrar en casa salimos corriendo y nos fuimos en busca de un hotel. Había mucho tráfico y no contábamos con que ya habían evacuado a muchas otras áreas, así que no encontrábamos donde alojarnos, hasta Marina del Rey, cuarenta millas al sur de casa. Afortunadamente salimos a tiempo, obvio por la niña. Nuestros vecinos que se quedaron lo pasaron muy mal porque cuanto más tarde se marcharon fue peor por el tráfico, el peligro, el estrés…”

“El sentimiento de despedirte de tu casa es muy fuerte– continúa Eleané-. Estás en shock, no sabes qué empacar, quieres llevarte todo pero no puedes. Te vas con mucha angustia, piensas ¿me estaré llevando lo correcto?, ¿qué dejo?, ¿qué de las cosas vale más? Luego me vi amontonando fotos, los garabatos que me pinta Luciana, porque los dibujos de mi hija pensé que, eso sí que no lo recuperaría nunca, más que ropa y lo demás, eso tiene solución. Despedirte de tu casa pensando que puede arder todo es un sentimiento horrible, horrible… Uno de los más feos que he sentido. Quieres llorar, pero no quieres llorar porque aún no pasó nada, y así fue, afortunadamente no pasó nada gracias a Dios”.

Eleané termina el relato de lo que fue una auténtica aventura, eso sí, con final feliz: “Ya pasó el susto, poco a poco estamos volviendo a la normalidad y acabamos de regresar a casa. Está todo bien. Estamos a salvo, eso es lo que importa, aunque sentimos mucho que no todos hayan tenido nuestra suerte. Les mandamos mucha luz y nuestras oraciones a los afectados por esta tragedia. También queremos dar las gracias a la invaluable labor de los bomberos y cuerpos de seguridad que nos ayudaron”.

Está claro que los clásicos vientos de Santa Ana en California no perdonan. La falta de humedad en el aire y las poderosas rachas, hacen que los incendios se propaguen de forma extraordinariamente rápida y las desgracias son inevitables para una parte de la población. Se calcula que uno de cada cuatro californianos vive en zona de alto riesgo de fuegos forestales.