Los conflictos en la vida de Eduardo Yáñez lo han mostrado como un hombre duro y agresivo; sin embargo, también es una persona sensible que sufrió los embates de la vida desde muy joven.

Por Carolina Amézquita Pino
Diciembre 11, 2018
Anuncio

Los conflictos en la vida de Eduardo Yáñez lo han mostrado como un hombre duro y agresivo; sin embargo, también es una persona sensible que sufrió los embates de la vida desde muy joven. A lo largo de la vida, ha contado con el apoyo de su madre, María Eugenia Luévano, cuyo trabajo en una prisión fue la forma de sacar adelante a la familia.

“Ella [su madre] trabajaba muy duro; era celadora en Lecumberri [una prisión]”, reveló Yáñez al programa mexicano de televisión Ventaneando (TV Azteca).

El histrión quiso trabajar desde pequeño para ayudar a su madre con los gastos de la casa; así, recordó que tuvo un empleo vendiendo gelatinas y paletas con sus amigos de la colonia y fue el primero de la familia en llevarle dinero producto de su trabajo. A partir de entonces, el actor supo que sería el gran apoyo de su madre.

“Recuerdo esas organizadas que nos hacíamos [con sus amigos] para trabajar, comprar nuestras gelatinas y venderlas; comprar nuestras paletas y venderlas”, relató. “Entendí que, por siempre, yo iba a ser el que la iba a cuidar a ella y hasta la fecha, cuido a mi mamá y me hago cargo de ella”.

Eduardo Yáñez confesó que “me hice actor por accidente” y gracias a ver las piernas de una mujer se aprendió su primer personaje.

“Estaban ensayando una obra de teatro y nos quedamos a verlos [él y sus amigos]. Empezamos a ayudar a poner escenografía, tarimas. Un día se enfermó un chavo, el protagonista joven, y el director me pidió que los ayudara. Llegó el día del estreno y este chavo nunca regresó y yo estrené”, explicó. “Era ya un mes entero, diario de estar ahí mirando las piernas a la rubia de la obra”.