La actriz uruguaya ha revelado lo triste y dura que fue su infancia sin madre y con un padre alcohólico.

By Teresa Aranguez
September 06, 2019 01:09 PM

Suele ser hermética para sus asuntos personales, protectora de lo suyo y de los suyos. Y quizás ahora más que nunca entendemos por qué. La actriz acaba de confesar con detalle la dura infancia que le tocó vivir y las consecuencias que eso tuvo en su juventud y en su vida.

Su fuerte testimonio lo ha hecho en el podcast Se regalan dudas, a Lety Sahagún y Ashley Frangie. En la amigable y sincera charla la actriz uruguaya habló de un pasado muy doloroso lleno de vacíos y tristeza.

"He compartido poco de lo que soy, de dónde vengo y cómo crecí", comienza la protagonista de Rubí. "Tuve una infancia súper dura, triste, violenta, muy alejada del amor", prosigue con crudeza.

"Crecí sin mamá y crecí con un padre alcohólico", explica. Ese vacío y la sensación de no sentirse plenamente amada le hizo abandonar su casa muy jovencita para labrarse su propio camino.

"Empecé a trabajar a los 14 años, hice de todo un poco". Mesera, booker, bailarina de antros, todo para sacarse un dinero que poder guardar y huir de la pesadilla que tenía en su casa, que no hogar.

Enojada con la vida, finalmente a los 17 logró salir de su casa buscando su propio destino. "Empecé a modelar porque mi belleza física me abrió puertas", cuenta con detalle. "Y cuando empecé a estar en frente de una cámara me dí cuenta de que quería ser actriz", asegura.

El resto es historia. Con un sueño en su corazón ahora había que perseguirlo. Lo hizo y alcanzó sus metas demostrando que sí se puede. Su faceta actoral se convirtió en su tabla de salvación. "Me refugiaba mucho en mi carrera", reconoce.

Pero el dolor y la falta de amor vivida de niña no fueron fáciles de curar. Ni sus papeles más glamurosos ni su vida de actriz lograron que olvidara su pesadilla. "Yo conocí el amor a base de golpes, el abandono de mi madre. Entonces el amor era para mí eso", continúa triste.

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El estigma de "tú no eres lo suficientemente buena para que mamá se haya quedado" le persiguió durante mucho tiempo. Pero poquito a poco se ha ido curando su corazón. El amor a la vida y de los suyos ha sido su gran medicina y, aunque todavía le duele recordarlo, está feliz en el punto en el que está desde donde promueve siempre el amor por encima de todas las cosas.

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