Una travesía que inició a las 8:45 a.m., cuando el primer avión impactó la torre norte, hasta las 3 p.m. cuando logró llegar a casa y vio que su familia estaba a salvo.

Por Carolina Trejos
Updated Septiembre 11, 2016
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Cortesía de Chiara Alcivar

El lugar donde hasta hace 15 años se alzaban los edificios más altos de Nuev York, las Torres Gemelas, hoy alberga un museo y un memorial dedicado a las 3,000 personas que murieron en los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001.

Un lugar inolvidable para Gustavo Alcivar, de 73 años y su hijo Eduardo, de 40. Ambos estaban trabajando ese día en las Torres cuando sintieron el impacto de los dos aviones.

“Una de las cosas más tristes era ver cómo las personas se agarraban de la mano y se tiraban por las ventanas de los edificios; ¿Será que pensaban que era un incendio?”, contó Gustavo a People En Español sobre lo que vió al salir a la calle después de bajar del piso 12 de la Torre Norte.

Antes de llegar a estar a salvo, Gustavo se aseguró de ayudar a sus compañeros de trabajo. Como no podían usar el ascensor, una vez que los bomberos forzaron las puertas de las salidas de emergencia, él y un compañero se quedaron atrás para ayudar a otras personas que ocupaban el piso y fueron los últimos en salir por las escaleras.

Mientras él sostenía una puerta, su compañero sostenía la otra hasta lograr ayudar a una última persona que se había quedado atrás por su dificultad al caminar.

“El edificio parecía una hamaca y varios compañeros se resguardaron en nuestro lado del piso”, recordó Gustavo. “Finalmente logramos llegar hasta el sótano”.

Mientras todo eso sucedía, en la mente de Gustavo estaba su hijo Eduardo, quien debía entrar a trabajar a las 9:00 a.m. en la Torre Sur. Afortunadamente no alcanzó a llegar a su trabajo porque su tren fue desviado por el estado de emergencia. Algo que Gustavo no sabía y que lo mantuvo en ascuas.

Gustavo veía cómo los vidrios se venían abajo, cómo el humo acaparaba las calles, la gente ensangrentada y empolvada corría despavorida. La comunicación de los celulares se había caído y mientras cientos hacían fila en teléfonos públicos, él no lograba ubicar a su hijo Eduardo.

Su huida de las Torres, que había empezado a las 8:45 a.m. con impacto del primer avión, no culminó hasta cerca de 3:00 p.m. cuando logró llegar a casa y confirmar que que su hijo estaba a salvo, así como el resto de su familia. Algo de lo que nunca podrá olvidar y por lo que se siente muy agradecido.