Jamie Ducharme
December 07, 2017 AT 08:31 PM EST

El eclipse total de sol de agosto vino acompañado de una advertencia que tuvo gran cobertura en los medios: no observen el sol sin lentes de protección.

Lo que tuvo menos cobertura, según el Dr. Avnish Deobhakta, fue cómo elegir los lentes de protección correctos y esa falta de información fue la fuente de un caso de estudio que el profesor asistente de oftalmología de la facultad de medicina Icahn School of Medicine del hospital Mount Sinai publicó el jueves en JAMA Ophthalmology.

En el mismo, Deobhakta y sus colegas describen el caso de una joven entre 20 y 30 años que observó el eclipse a través de lo que resultaron ser unos lentes defectuosos. Cuatro horas después de observar el Sol por unos seis segundos sin los lentes y luego aproximadamente 15 o 20 segundos con ellos, empezó a experimentar distorsiones visuales y de color, así como visión borrosa, particularmente en el ojo izquierdo. También podía ver un “punto central negro” con su ojo izquierdo.

Al acudir al New York Eye and Ear Infirmary de Mount Sinai (NYEE, por sus siglas en inglés), los médicos utilizaron óptica adaptiva para examinar imágenes detalladas de las células que componen la capa fotoreceptora de la retina, la parte del ojo que convierte la luz en energía eléctrica que puede interpretar el cerebro. La tecnología les permitió analizar el daño relacionado con el Sol, llamado retinopatía, con extremo detalle, relató Deobhakta. Encontraron que aparentemente el eclipse había provocado una quemadura en forma de media luna en la retina de la mujer.

“Tuvimos la oportunidad de clasificar a tal punto el daño causado en los fotoreceptores, que casi aparecía como una sombra de una media luna en el área fotoreceptora”, explicó Deobhakta. “Lo que cualquier persona hubiera pensado que podría pasar, sucedió de alguna manera y ha sido demostrado gracias a tecnología de punta”.

Cuando le pidieron que dibujara lo que veía por el ojo afectado (ver arriba), la mujer corroboró los hallazgos de los investigadores al trazar lo que “de alguna forma se ve como Pac-Man”, aseguró Deobhakta. Seis semanas después del eclipse, sus síntomas persistían.

La mujer del caso de estudio fue una de las 22 personas que acudieron al NYEE con quejas de afecciones relacionadas con el eclipse. De ellas, solo tres tenían problemas visuales estructurales y solamente la mujer descrita en el artículo tenía retinopatía solar severa como para incluirla en el ensayo. Aun así, Deobhakta dijo que la oportunidad de estudiar la condición con tanto detalle fue algo sin precedentes.

“Normalmente no tenemos eclipses y cuando los hay, [usualmente no tenemos] pacientes que observan el eclipse y acuden a un hospital de ojos con la tecnología apropiada para examinarlos. Por lo menos en el área de Nueva York no había sucedido un eclipse desde que desarrollamos esta tecnología”, aseguró. “Que todas estas cosas pasen a la vez es muy raro”.

La confluencia de factores puso de manifiesto algo en particular, expresó Deobhakta: antes del próximo eclipse total, en siete años, necesitamos estar más informados sobre los lentes adecuados para observar eclipses.

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