June 11, 2018 AT 10:45 AM EDT

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En las afueras de Barcelona, en unos terrenos que no hace mucho eran huertas, cientos de niños viven a diario el sueño de convertirse en exitosos jugadores de fútbol como los que en unos días disputarán con sus selecciones el Mundial de Rusia.

Algunos de estos pequeños hacen hasta cuatro horas diarias de carretera para llegar a entrenar, otros han tenido que dejar a sus familias a cientos o miles de kilómetros de distancia. Todo para disfrutar del privilegio y la responsabilidad de formar parte de la Masia, la famosa cantera del FC Barcelona de la que han salido estrellas globales como, entre otros, Leo Messi, Gerard Piqué o Andrés Iniesta.

Si bien en sí es solo una residencia para los niños que viven lejos de sus familias, la Masia es mucho más que un edificio. Es el sinónimo con el que se conoce a la preciada cantera del conjunto catalán, que despierta un inmenso orgullo entre sus aficionados por encarnar los valores del club.

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La residencia de jóvenes promesas es el alma de la Ciutat Esportiva Joan Gamper, el moderno complejo del Barcelona en la localidad de Sant Joan Despí, en el que entrenan los equipos profesionales del club, no solo de fútbol, sino también de baloncesto o balonmano, entre otros deportes.

Actualmente viven 79 menores en la Masia, el 75 por ciento españoles y el resto de otros países, con edades que oscilan entre los 11 y los 18 años, según el club. La mayoría son futuros futbolistas, pero también hay promesas del basquetbol o del balonmano. Además, hay una creciente presencia de niñas, tras la apuesta del Barça por su equipo femenino de fútbol.

“Aquí puedes ver en el comedor un jugador de fútbol pequeño comiendo junto a un basquetbolista enorme. Y uno ser del sur de España y el otro de Croacia”, contó un responsable de comunicaciones del club durante una visita de un grupo de periodistas entre los que se encontraba People en Español.

Juguetes rotos

Todos, hagan lo que hagan o vengan donde venga, se someten a lo que el Barcelona llama la Masia 360: educar a la persona y formar al jugador. Sin uno, no hay el otro, para evitar que esos muchachos tan llenos de esperanza acaben como “juguetes rotos” si el futuro se les tuerce.

El cub considera que “no se trata solo de ser los mejores reclutando niños, hay que tener respeto por estos niños, por lo que serán sus vidas y por sus familias”, ya que “es una gran responsabilidad” estar a cargo de estos menores durante los 10 meses que dura la temporada.

Cada niño de los que viven internos tiene un tutor encargado de su formación sicológica, emocional y académica, además de gestionar la comunicación entre el jugador, los padres y el equipo. Es una relación complicada, ya que los menores pagan el alto precio de separarse de sus familias para estar en un club como el Barça.

“El peor día de mi vida lo pasé en la Masia”, confiesa Iniesta en su autobiografía, al recordar cómo a los 12 años tuvo que dejar entre lágrimas a su familia en su natal Fuentealbilla, en el sur de España, para incorporarse al Barça. Entonces la residencia se encontraba junto al estadio del Barcelona, el Camp Nou, y era una antigua masia, nombre con el que en catalán se llama a una casa de campo.

Cada llamada por la noche a sus padres era un drama, reconoce el propio Iniesta, que este mayo abandonó el club tras 22 años llevando la camiseta blaugrana y convertido en un referente para los pequeños que ahora empiezan ese mismo camino.

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Tratar a estos niños como lo que son, niños, es algo que los responsables del fútbol base blaugrana dicen tener muy claro. “Comer, jugar y amar es importante cuando eres un niño”, apuntó el responsable de comunicaciones, quien pidió que no se le identificara. “Lo más importante no es ganar dinero, sino vivir. Si no haces las cosas que tenías que hacer cuando eras un niño, las querrás hacer cuando seas un adulto, cuando ya no toca”.

Piedra angular de la formación de los jugadores es su educación académica. De los 11 a los 16 años acuden a una escuela con la que el Barcelona tienen un convenio para que les permita empezar más temprano la jornada lectiva y regresar a la Masia a tiempo para los entrenamientos de la tarde.

A partir de los 16 años, cuando los entrenamientos son más intensos, la escuela es la que va a la Masia y los jóvenes acuden a clase en unas aulas que hay en la misma residencia.

El énfasis en la educación no es baladí, ya que la experiencia ha enseñado al club que algunos de estos jóvenes, por diversas circunstancias, puede que no acaben teniendo una carrera como futbolista profesional o la tengan muy corta, jugando en equipos de divisiones inferiores y ganando poco dinero.

Si no estudian, ¿cuál será su futuro fuera de la cancha? “Tienes 18 años, juegas con la selección española, con el FC Barcelona, pero qué pasa si a los 25 años estás jugando en tercera [división de la Liga española], no ganas mucho dinero y no tienes nada en lo que apoyarte. Por eso es muy importante lo de las dos trayectorias”, resalta el representante del Barcelona.

Conductores sicólogos

Incluso a los pequeños que no residen en la Masia, como fue el caso de Messi y Piqué, también se les hace un seguimiento para calibrar su bienestar. Un ejemplo: el club ofrece un servicio de transporte a las familias que viven hasta 2 horas de Barcelona que recoge a sus hijos para llevarlos a entrenar a los campos de la Masia y los devuelve por la noche. Esos 10 conductores que realizan esas rutas, y que por tanto pasan un montón de horas con los niños, reciben un adiestramiento para detectar problemas, ya sean deportivos o emocionales.

Si un día tras otra ven que nadie viene a recoger a los niños cuando los deja en su casa, esa puede ser una señal de alerta de que algo pasa, por dar un ejemplo. Esos conductores convierten la camioneta en una especie de confesionario en el que el pequeño acaba compartiendo lo que no se atreve a decir a sus entrenadores o a sus padres.

“Si es una persona equilibrada, será un jugador equilibrado. Si su vida personal no va bien, su juego no va bien”, resalta el club.

La formación se extiende a los padres, a quienes se les enseña a cómo manejar el sentimiento de éxito y de fracaso que pueden experimentar sus hijos depende de cómo les vaya la carrera. Puede que un niño que entró a los 12 años, a los 14 ya no siga en la Masia por consideraciones deportivas. Encajar ese revés y superar la sensación de derrota, tanto del jugador como de su familia, es súmamente importante –según el Barça– porque son muchos los que llegan con la ilusión de ser el próximo Messi, pero muy pocos lo consiguen.

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