Robert Ascroft
Armando Correa
March 30, 2005 AT 11:00 AM EST

En el octavo piso de un edificio art deco, en una de las direcciones más exclusivas de Nueva York –en la Quinta Avenida, entre las imponentes tiendas Bergdorf Goodman y Louis Vuitton, ¿se imaginan?– Thalía estaba lista para dar su primera entrevista, por supuesto a PEOPLE EN ESPAÑOL, antes de la salida de su nuevo disco. Primero iba a ser a las 4 PM. Luego, para asombro de todos, el día antes pidió que se adelantara el encuentro 15 minutos. ¿Será posible que estuviéramos hablando de un margen de 15 minutos? ¿Iba a estar lista a la hora en punto de la cita? En la sala de estar de las oficinas de Casablanca Records, de su esposo el empresario musical Tommy Mottola –por cierto, los chocolates Hershey’s que promueve la cantante estaban por doquier– a la hora acordada un ejército de asistentes, maquilladores, peluqueros y publicistas –hasta Mottola atravesó el salón– corría de un lado para otro. Cada cinco minutos alguien decía que estaban un poco atrasados, pero que pronto Thalía iba a estar lista. Así que 30 minutos después de la hora acordada originalmente, la diosa apareció y, con su cautivadora sonrisa calmó los ánimos del salón: “¡Qué día! Estoy como en un huracán”.

Motivos no le faltan. En los últimos dos años, Thalía lanzó una revista con su nombre, una línea de ropa y accesorios para mujeres y niñas en la cadena de tiendas Kmart, es la imagen para el mercado hispano de una línea de chocolates y dulces Hershey’s, presentó un disco con canciones en inglés y español y ahora reaparece con un disco producido por el talentoso Estefano.Y por si fuera poco, cerrará el año con un nuevo CD en la lengua de Shakespeare. Ah… y sus novelas, grabadas hace ya unos cuantos años, siguen retransmitiéndose en varias partes del mundo. “Thalía ha sido un parteaguas para las telenovelas mexicanas”, afirma Carla Estrada, exitosa productora de novelas en México. “Es una de las pocas mujeres mexicanas que ha trascendido fronteras y ha puesto a México en un lugar muy alto”. En realidad, hace ya bastante tiempo que Thalía, de 33 años, entró en las grandes ligas. Su reino ya había sobrepasado cualquier terreno imaginable mucho antes de su sonada boda con el magnate de la música y su nombre se había convertido en una marca registrada. Pero con Mottola a su lado, la maquinaria Thalía como que cobró nuevas energías. “Todas las mañanas Tommy me dice que es como si se levantara y se encaramara a un caballo para salir a trote”, dice.

Por lo que resalta a primera vista, la jugada aquí es entre dos. Incluso sus oficinas en Nueva York las comparte con las de su marido, por lo que antes de llegar a los predios de su reino hay que atravesar el universo de Mottola. Las paredes están inundadas de discos multiplatino –y no estamos hablando de cientos de miles copias, sino de 25 millones (léase Thriller, de Michael Jackson) – y los nombres serían la envidia de cualquier amante de la música pop. Ahí están Jennifer López, Bruce Springsteen, Gloria Estefan, Sade… La única gran ausente, por razones obvias, es la ex esposa de Mottola, la también multiplatino Mariah Carey. Una de las puertas conduce entonces a los terrenos de Thalía, la cual no se queda atrás. Lo primero que te recibe son los maniquíes con algunos de sus diseños, luego siguen sus discos de platino hasta llegar al salón de reuniones donde Thalía tiene bien colocada la mayoría de sus prototipos de diseño, espejuelos y accesorios que llevan su nombre y, por supuesto, una variedad de chocolates y caramelos que promueve con Hershey’s. “Estoy felicísima”, dice Thalía mientras saborea un caramelo de limón.

Y aunque ningún ejecutivo de Hershey’s se arriesga a hablar de cifras, sí reconocen el rol de la artista mexicana. “Thalía es una súper estrella mundial entre los consumidores latinos”, dice Thomas K. Hernquist, vicepresidente principal de Hershey Foods Corporation. “La fuerza de esta alianza es ya evidente con el significativo incremento de las ventas en el mercado de alta concentración latina”.

Así que cuando algunos quieren hablar de fracaso en estos años –la revista con su nombre no pasó de ser un simple proyecto– y aunque alguna que otra estrella se atreve a decir que no modela su ropa porque es de mal gusto –léase su eterna rival Paulina Rubio– Thalía se limita a contestar con hechos. Su nombre es definitivamente una marca registrada. “De una manera u otra me están catalogando como una Martha Stewart o como una Oprah Winfrey, pero del mercado latino”, dice muy segura de sí misma. Como la propia Stewart, Thalía canalizó sus diseños en una cadena de amplio alcance como Kmart. También como ella, algún día espera seguir creciendo en los productos que ofrece. “Inicialmente lanzamos la línea en cientos de locaciones, teniendo en cuenta específicamente al consumidor hispano”, dice Jon Gieselman, vicepresidente de relaciones públicas de la cadena. “Rápidamente descubrimos que su línea ha tenido un amplio atractivo y desde entonces expandimos la colección a todas las 1,400 tiendas de Kmart en la nación”.

Ésa es la mejor bofetada a sus detractores y cuando se le menciona cualquier opinión de sus supuestas rivales, Thalía responde sin alterarse. “Yo no veo mucho la tele por higiene mental”, asegura.

Pero entre tanta perfección y triunfos, Thalía se abrió por primera vez y decidió hablar de las crisis por las que ha pasado. En definitiva, afirma, se siente como una artista que salió del pueblo, en este caso de la popular colonia Santa María la Rivera. Y como cualquiera, ha pasado por momentos críticos. El primer golpe, y del cual aún le cuesta hablar, es la muerte de su padre, el biólogo criminalista Ernesto Sodi. Después de sufrir una larga enfermedad, estando grave en el hospital, Thalía, con sólo unos cinco años, fue a visitarlo. Lo despidió con un beso al aire y vio como su padre, fallecía inmediatamente. “Siempre pensé que fue mi culpa”, cuenta Thalía, la menor de cinco hermanas. “Todo ese año fui una niña autista. No hablé. Mi mamá me llevó con doctores, me hacían pruebas.” Un año más tarde comenzó a hablar. A pesar de su mutismo, Thalía desarrolló, desde pequeña su interés por la escena. Cantaba, bailaba, actuaba. Sus comienzos están en grupos musicales como Din Din. Luego actuó en el musical Vaselina y formó parte del popular grupo Timbiriche. Fue la misma Carla Estrada la que le dio la primera oportunidad en una telenovela, hasta que logró un protagónico, junto a la ya reconocida Adela Noriega, en Quinceañeras. Desde entonces, la televisión ha sido su mejor medio. Su trilogía de María Mercedes, Marimar y María la del barrio se han convertido en clásicos melodramas. Aunque es poco probable que se vuelva a encerrar en un foro de televisión, se niega a ceder el trono. “Yo soy la reina de las novelas, cariño”, dice sin titubear. “Ese trono y esa corona ya están ocupados y no los he pasado a nadie”.

Y entre tanta popularidad su vida ha ocupado titulares. Si es cierto que la han asociado románticamente con varios de sus coprotagonistas y hasta con un hijo de un ex presidente, Thalía raramente ha hecho pública ninguna de sus relaciones. Así que cuando pasó a enumerar la segunda crisis, fue una sorpresa. La muerte de Alfredo Díaz Ordaz, hijo del ex presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz, fue uno de los golpes más fuertes. “Cuatro años de relación”, dice la artista. “Ya me había entregado el anillo de compromiso”. Fue durante las grabaciones de Marimar que su madre, Yolanda Miranda, quien ha sido el bastión de su carrera, le dio la noticia de su sorpresiva muerte. “Me eché a correr. Me puse debajo de un árbol y me puse las manos así en la cara y le recé a Dios y le pedí a Dios por él”.

Lea esta historia completa en la última edición de PEOPLE EN ESPAÑOL que ya está a la venta.

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