Fernando Torquato
Joselly Castrodad-Sánchez
April 28, 2005 AT 10:00 AM EDT

El sábado en que Taís Araújo fue a hacerse unos exámenes dentales para luego ponerse los frenillos que enderezarían su casi perfecta dentadura, fue un día interesante. Sentada en la silla reclinable rodeada de las máquinas, agujas y herramientas de su dentista en Río de Janeiro, que a cualquiera otra persona haría sentir el miedo más escalofriante, la actriz estaba maravillada. “Creo que algún día iré a la escuela de odontología”, sueña Araújo en voz alta. “Me imagino como doctora, si cambiase de profesión. Tengo que confesar que aún hoy, cuando voy al dentista, quedo encantada”.

Pero este encanto con la fantasía de arreglar dentaduras, no se compara con la pasión de la actriz por Preta –su personaje en la telenovela El color del pecado (Telemundo). Con El color, Araújo estelariza nuevamente una serie brasileña y saborea el éxito que le llegara a los 17 años con Xica da Silva, rol que la convirtió en la primera actriz de piel morena en protagonizar una telenovela exitosa en Brasil. “Taís es capaz de interpretar a Preta sin perder su propia identidad y personalidad”, observa Denise Saraceni, productora de la serie. “Desde sus comienzos, tan joven en el mundo artístico, ha desafiado y encantado al público brasileño con su espíritu guerrero, su generosidad y, por qué no decirlo, su ingenuidad”.

Aunque El color del pecado aborda temas antes tratados en el género del melodrama –como el amor perdido de Preta con la desaparición de Paco, interpretado por Reynaldo Gianecchini, y la paternidad secreta de Raí, el pequeño hijo de ambos– para Araújo su éxito de audiencia tiene una importancia sin precedentes. “Existía el miedo de que el público no quisiera ver –a actores de color–”, observa la actriz sobre los conceptos que existían en la industria de la televisión en su país. “Y el fin es ganar dinero. Con esta teleserie hemos comprobado que el público quiere identificarse y ver la verdadera cara de Brasil, porque aquí la mayoría de las personas son de raza negra. Esta teleserie vino a cambiarlo todo”.

En este aspecto, Araújo se ha convertido en una especie de activista social aún sin proponérselo conscientemente. “Me despierto luchando y me voy a dormir luchando para probar que yo puedo”, afirma. “Y lucho haciendo un trabajo de calidad. Puedo hacer de Julieta como puedo hacer de esclava, y el color de mi piel no me limita. Lo que limita es la mentalidad racista”.

Unos prejuicios que para nada minan su nivel de motivación y dedicación al trabajo. Sus colegas aseguran que, a sus 26 años, Araújo es una de las actrices más profesionales y entregadas del medio. “Como protagonista, no sólo basta con hacer bien el personaje”, indica Saraceni. “Taís era el ejemplo para todo el equipo [de {El color del pecado}], el alma de la novela y nuestra alegría”.

La misma que se traduce en el cariño que hoy le profesan sus fanáticos en la calle y su coprotagonista. “Taís es un sol”, afirma su también amigo Reynaldo Gianecchini. “Es una increíble colega, con su creatividad y energía. Y le fascina trabajar”.

“Yo soy una workaholic [adicta al trabajo]”, dice por su parte la actriz, con su curioso acento, soltando alguna que otra palabra en inglés en medio de su español. “Necesito trabajar muchísimo y sentirme cansada al final del día. Es casi una enfermedad”.Por más que Araújo hace una pausa y advierte que su español está muy fuera de práctica, lo cierto es que la pequeña dificultad que pueda tener para encontrar las palabras exactas para expresarse, no le resta a su evidente energía. Y, por lo visto, el mosquito que la contagió con toda esta chispa lo hizo cuando apenas era una niña.

Mientras iba al colegio en su natal Río de Janeiro, Araújo imaginaba que algún día se convertiría en dentista, pero las clases de actuación que tomaba por las tardes como pasatiempo, pronto evolucionaron en obras de teatro con las compañías Grupo Procenio y Os Banana.

Tras su trabajo en la televisión en la telenovela Tocaia grande, “el destino decidió” por ella su profesión definitiva cuando apenas tenía 17 años y obtuvo el papel de Xica, que catapultó su carrera y cambió su vida para siempre.

No sin antes presentarle una prueba de fuego. A pesar de ser legalmente una menor de edad, el personaje de la famosa esclava requería una serie de desnudos que la actriz no sabía cómo enfrentar. Criada en el seno de una familia conservadora en donde nadie es artista, la hija de Ademir y Mercedes Araújo tuvo dudas considerables sobre la reacción de sus padres. “Pero mi papá tuvo una visión muy clara y correcta de lo que significa mi trabajo”, recuerda Araújo. “Me dijo: ‘Hija, yo soy economista y ése es mi trabajo. El tuyo es vivir muchas vidas. No vas a perder la dignidad por eso’ “.

Todo lo contrario, pues cuando finalmente se pudieron televisar las escenas de Araújo como Dios la trajo al mundo, una vez cumplidos los 18 años, la actriz ganó seguridad en sí misma y fama internacional. “Sufrí como madre al verla sufrir a ella para hacer Xica da Silva”, dice Mercedes Araújo. “Pero para su vida profesional, con toda certeza, valió la pena”.

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