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Huáscar Robles
December 15, 2011 AT 05:13 PM EST

Stick Fly, obra de Broadway producida por Alicia Keys y en escenario del teatro Cort en Manhattan, nos da una vuelta por la condición humana. Sus personajes compiten por su lugar en la escalera social estadounidense, mensaje que resuena a través de culturas y que la audiencia hispana podrá ciertamente apreciar.

Con un elenco ejemplar, la comedia de Lydia R. Diamond (Voyeurs de Venus, The Bluest Eyes) nos abre las puertas a los LeVay, una familia de la elite afroamericana. Pero este no es un hogar de santos; la casa en Martha’s Vineyard esconde infidelidades y revelaciones, lo cual hace a la comedia menos como Una familia con suerte y mas como Cuna de lobos.

El nombre de la puesta en escena viene de la práctica entomologica de estudiar moscas adhiriéndolas a paletas. En este caso son los valores y principios que ha dejado esta familia en su camino al éxito los que están bajo estudio.   

La obra comienza cuando Kent LeVay, interpretado por Dulé Hill (Psych, The West Wing) y su hermano Flip, encarnado por Mekhi Phifer (Dawn of the Dead, 8 Mile) traen a sus respectivas novias a la casa del padre, Dr. Joe LeVay, interpretado por el ganador del Tony por Seven GuitarsRuben Santiago-Hudson. Kent es escritor y Flip, cirujano plástico. Ambos ejemplifican las virtudes y vanidades asociadas con sus respectivas profesiones. Kent presenta a su pareja Taylor, la inigualable Tracy Thoms (Rent, The Devil Wears Prada) una entomóloga que proviene de clase baja y Flip nos presenta a su novia, Kimber (Rosie Benton) una maestra de escuela pública y la única anglosajona en la obra. Ambas intentan ganar el afecto de Dr. LeVay lo cual infla el ego del neurocirujano pero irrita a la sirvienta, una joven llamada Cheryl (Colanda Rashad), quien además guarda un temible secreto.

El grupo de actores no logró sincronizarse a comienzos de la obra y la participación de Thoms lucía un poco desenfocada. Estas asperezas se disipan a medida que el libreto cobra vida al revelar los secretos de la familia. Es obvio que la escritora conoce el paladar del público el cual siempre tiene sed por dramas familiares con chismes, cuernos e hijos ilegítimos.

La puesta en escena logra transmitir el mensaje de que la comunidad afroamericana sí es víctima de un sistema injusto, pero también de sus propios prejuicios. La constante lucha por igualdad coloca –no sólo afroamericanos sino a las minorías– en constante oposición con la comunidad anglosajona. No hay mejor ejemplo de esta realidad que cuando el Dr. LeVay le dice a Taylor que la comunidad negra ha podido llegar a donde está en parte por la integración racial. “En algún momento alguna sirvienta negra fue violada en la cocina”, dice LeVay, comentario que arrancó un suspiro de la audiencia.

Tal emoción sicológica se trastoca al final cuando la ebullición de chismes y secretos convierte a la obra en una telenovela.

No habrá que ser afroamericano para identificarse con esta puesta en escena. El querer integrarse a la sociedad es un deseo intrínseco del ser humano independientemente de sexo, raza o religión. Hasta el día de hoy, la administración de Obama ha deportado a 1.1 millones de indocumentados, el numero más alto en los últimas seis décadas según el New York Times. Los hispanos sí entienden el dolor de ser y no ser parte de la historia de un país y Stick Fly se los recordará entre chiste y chiste.

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