TELEMUNDO
Ernesto Sánchez / NYC
June 15, 2008 AT 10:00 PM EDT

Eric Vonn fue quizá el primero en hacerlo. En 1987, el escritor mexicano rompió las reglas del melodrama televisivo al matar, a mitad de la historia, a sus dos personajes principales (Érika Buenfil y Arturo Peniche) en Amor en silencio.

Desde entonces, algunas vez con éxito y otras sin pena ni gloria, Vonn ha tratado de romper la fórmula tradicional de la telenovela, involucrando temas de relevancia actual como las relaciones gay, problemas económicos de hoy en día, el consumo de drogas, y hasta el sida.

El desenlace de Pecados ajenos no fue la excepción. Vonn rompió el cliché del típico melodrama en el que la pareja finalmente va a ser feliz y todos los malos mueren.

Natalia (Lorena Rojas), quien sufrió la maldad de cuatro villanos durante toda la historia (Elena, Ágata, Rogelio e Inés), cree que ya va a ser feliz con Adrián (Mauricio Islas), dado que: Elena (Sonya Smith) se ahoga al tirar su auto por el puente; Ágata (Lupita Ferrer) es condenada a la pena de muerte por inyección letal; Rogelio (Ariel López Padilla) se vuelve loco por su alcoholismo y lo pierde todo; e Inés (Catherine Siachoque) parece que pasará sus días en la cárcel para siempre.

Pero… Inés escapa de la cárcel tras haber conquistado a una de las policías que fungían de guardias (a quien por supuesto mata), y finalmente se enfrenta con su peor enemiga cara a cara. Con pistola en mano, Inés mata a Natalia. Y cuando pensamos que éste iba a ser un final en donde la protagonista moría… de repente Natalia recuerda todas las veces que estuvo a punto de morir… hasta volver a uno de los primeros capítulos de la historia.

Al inicio de Pecados ajenos, casi un año atrás, Natalia cae del caballo después de que Ágata alborotara al equino, y cayó en coma por dos años.

En los últimos cinco minutos de la historia, Natalia despierta del coma, se regresa al inicio de la historia, pero no fue un sueño. A diferencia de El extraño retorno de Diana Salazar, aquí Natalia tuvo una visión, una mirada a lo que será su vida al lado de Rogelio y de Ágata. Al lado de su supuesta amiga, Inés.

¿Serán tan malos los personajes que en su fantasía imaginó? Nunca lo sabremos, pero la débil Natalia cambia radicalmente. En una reflexión final, Vonn redimió la historia que fácilmente pudo haber caído en lo ridículo, y de alguna manera, se excusó por todas las situaciones poco creíbles que sucedieron en la telenovela.

Al minuto final, al estilo de Great expectations, Natalia recita mientras conoce a Adrián (Islas), quien en realidad fue el doctor que la cuidó mientras estaba en coma: “Todavía no distingo la fantasía de la realidad. Sé que no debo confiar en mi suegra, y que mi marido siempre será un alcóholico. Tengo que aprender a defender a mi hijo para que viva en libertad. He aprendido a distinguir las amistades reales de las falsas… y no fui feliz… pero lo seré”.

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