Mike Ruiz
Joselly Castrodad-Sánchez
January 05, 2005 AT 12:00 PM EST

La tarde en Los Ángeles en la que por casualidad Rosie Pérez se encontró con un viejo amor, además de los recuerdos, le acercó una gran verdad. “Te ves diferente”, le dijo el famoso productor musical Dallas Austin, con quien Pérez tuvo un romance durante su adolescencia. “Será que he aumentado de peso”, contestó la actriz con su usual picardía al ver que andaba sin maquillaje, con una simple franela y su cabello escondido bajo un sombrero. Pero en realidad Austin, aunque sin duda extrañado por la transformación de su amiga, se refería a algo más profundo que el aspecto físico. “El peso de más te queda bien… pero lo que veo es que eres feliz”, añadió el productor. “Ya no eres la persona furiosa y distante que eras en el pasado”.
Y es que un par de décadas, una exitosa trayectoria artística en cine, televisión y teatro, su entrega a la labor activista y largas horas de autorreconocimiento han obrado maravillas en la vida de esta nuyorican. Su conocido temperamento explosivo es cosa del pasado. Hoy, tras una reciente temporada en Broadway en la obra Reckless, esta nominada al Oscar por su papel en la cinta Fearless asume su trabajo frente y detrás de las cámaras con una nueva perspectiva de paz interior. Su participación en la adaptación cinematográfica de la obra Lackawanna Blues verá la luz en febrero por la cadena HBO, mientras Pérez continúa gestando su bebé, su debut como directora de un documental sobre un tema que a la vez le nace y le llega muy profundo: el ser puertorriqueño. “Aparte de su gran presencia artística, Rosie trabaja muy duro”, asegura George C. Wolfe, director de Lackawanna Blues. “Es una persona comprometida, en cuerpo y alma”.
Este mismo sentido de compromiso ha provocado que la actriz, sin proponérselo, se haya distanciado de Hollywood en su búsqueda de proyectos que le aporten sentido y longevidad a su carrera. “Quiero ser actriz por mucho tiempo”, afirma Pérez, cuya participación en The Vagina Monologues y luego su rol en la obra Frankie and Johnny in the Clair de Lune complacieron al público y la crítica teatral neoyorquina. “Si me van a ofrecer un papel, que sea uno que me rete. En el teatro se comprueba si tienes o no verdadero talento. Eso te hace mejor actriz”.
Una evolución que Pérez ha conocido de primera mano tanto en el plano profesional como en el personal. Aunque todavía se encuentra en producción para su lanzamiento a finales de año, su documental sobre la identidad puertorriqueña también le ha servido de aprendizaje y catarsis. “Ha sido un reto emocional recordar que de niña, en Puerto Rico, era la blanquita, mientras que aquí [en Nueva York] era la negra o la spic“, comenta la oriunda de Brooklyn. “A veces me tenía que apartar de las cámaras al recordar la vergüenza y el dolor de ser diferente, y de cómo hasta mi propia madre me ridiculizaba”.Aunque por su naturaleza privada Pérez nunca ha ofrecido detalles sobre su infancia, la que describe como “bastante horrible, pero a la vez bastante maravillosa”, los medios se han encargado de hacerlo por ella. El abandono de su madre, su crianza urbana en casa de su adorada tía Ana en medio de necesidades y la trágica muerte de su madre a causa del SIDA, han sido la comidilla de la prensa. “En realidad, no la conocen”, dice su hermana Carmen Serrano. “Es tímida e intelectual. Y ha sido una inspiración para mí”.
Muy lejos de la imagen de mujer ruda, vociferante y de la calle que se ha creado en torno a ella, Pérez se proyecta con delicadeza, amable y honesta. “A los 13 años hice un pacto con Dios”, recuerda la actriz. “Le dije: ‘Soy tu hija y si me ayudas a superar mi sufrimiento, voy a dar todo lo que tenga por salir adelante’ “.
Y de qué manera lo ha hecho. Luego de cautivar con sus coreografías en los programas In Living Color y Soul Train, su carrera en la pantalla grande se inició con su memorable secuencia de baile en la película de Spike Lee, Do the Right Thing, moviendo su trasero al ritmo del hip-hop. En las cintas White Men Can’t Jump e It Could Happen to You, dejó la huella de su lado humorístico y extravagante presencia escénica. En 1994, y con un papel dramático poco característico para Pérez –el de sobreviviente de un accidente aéreo en Fearless– recibió el reconocimiento de ser una de las pocas actrices latinas en ser nominadas al Oscar.

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