Cortesía: Oswaldo Pisfil & Company Inc.
Andrés Martínez Tutek/NYC
September 02, 2009 AT 05:00 PM EDT

Cuando Roberto Manrique era apenas un niño y vivía con sus padres en su casa de Guayaquil, Ecuador, quería ser rey o Papa. El tiempo pasó y haciéndole caso a los consejos de su padre buscó algo que lo enamorara. Estudió comunicación social, creó una exitosa agencia de publicidad y un día descubrió que no era feliz.

Roberto empacó maletas y se fue a estudiar actuación a Perú. Al regresar a Ecuador protagonizó varias telenovelas, luego cruzó el puente, llegó a Colombia, aguantó hambre y, tras golpear varias puertas, la suerte le llegó y estuvo en telenovelas como Victoria y Doña Bárbara.

Hoy, es uno de los coprotagonistas de la telenovela Los Victorinos (Telemundo) y, en entrevista telefónica desde Colombia con PeopleEnEspanol.com, nos deja asomarnos un poco a su vida.

¿Cómo te sientes siendo Victorino?
Es un proyecto que me enorgullece porque rompe todos los esquemas, siendo el primer protagónico en el que no soy galán ni uno de esos antagónicos donde era bien malo que hice en Ecuador. Además me gusta el suspenso que hay alrededor de estos tres hombres que nacen el mismo día, a la misma hora, en la misma ciudad y con el mismo nombre, y que según la profecía, cuando se encuentren, uno de ellos morirá.

¿Con semejante profecía no te da miedo que tú seas el Victorino que muere cuando se encuentren todos?
No, al contrario (ríe). Me gusta la profecía porque le mete un poco más de morbo y suspenso a la historia. Yo soy el Victorino de clase media, el que su papá siempre quiso que fuera militar y al final terminó siendo policía. Aunque muchos dicen que yo soy el que se va a morir, no lo sabrán sino hasta el final.

¿Cómo te picó el bichito de la actuación?
Fue bien raro porque yo vengo de una familia de médicos y de banqueros. Mi abuelo fue el primer cardiólogo de Guayaquil y desde muy pequeño mi padre sintió que la medicina era ingrata y que tenía pocas retribuciones, entonces nos inducía a que no siguiéramos ese camino sino que descubriéramos nuestros propios potenciales. Estudié comunicación social y diseño gráfico, tuve mi propia agencia de publicidad y un día descubrí que no era feliz y me fui a Perú a estudiar actuación. Ahí comenzó todo.

¿Y por qué dejaste Ecuador para irte a Colombia?
Colombia se empezó a presentar en mi vida de forma natural, pues estaba trabajando en Ecuador, pero decidí que quería algo nuevo, entonces vine a visitar el país (Colombia) y me encantó. Dejé todo allá y aunque no fue fácil, me enamoré y sentí que quería pasar una temporada de mi vida aquí. La gente es muy especial, es afectuosa, divertida y cariñosa. Bogotá es una ciudad hermosa. Creo que aquí he pasado la mejor parte de mi vida.

¿Fue muy difícil empezar desde cero en un país nuevo donde nadie te conocía?
Sí, mucho. Empecé haciendo cositas y cositas pero bastante espaciadas una de la otra y fue recién que con la novela Victoria arrancó mi carrera. Se demoró dos años en llegar y mientras tanto hice modelaje, fotos, y aún así el aspecto económico fue todo un reto porque no era fácil venir de una situación económica cómoda y segura a pasar épocas duras. Hubo momentos en los que realmente no tenía literalmente dinero en el bolsillo y me levantaba y no tenia ni un peso para comer.

¿Y ya te reconocen en la calle?
La verdad no mucho, pues aunque vivo en Colombia, todo lo que hago es para Telemundo y las novelas se ven allá en Estados Unidos, entonces quizá para algunas personas soy una cara familiar por un comercial famoso de arroz que hice aquí, pero como que no saben bien de dónde es que me conocen, entonces estoy feliz porque aquí paso desapercibido; es mejor así.

Conociendo a las colombianas, me imagino que te echarán muchos piropos…
Sí, la verdad nos ha ido bien con los piropos. El otro día me dijeron en la intimidad que era el hombre más inocente que habían conocido sin llegar a ser tonto. A mí me gustó eso porque la verdad yo soy niño bueno pero también sé como portarme mal sin hacerle daño a nadie.

¿Qué consejo le das a los jóvenes que quieren triunfar en la actuación por su físico?
Que no caigan en la trampa de la imagen pues, aunque la belleza te abre puertas en el mercado, cuando uno le apuesta sólo a eso la caída es más dolorosa porque esas cosas no duran. La belleza tiene fecha de caducidad y si caes en la trampa te puedes volver facilito y conformista, entonces es mejor prepararse mucho y formarse profesionalmente.

¿Con qué caes derretido ante una mujer?
Definitivamente con la inteligencia. Me parece importantísima sobre todo si está libre de arrogancia porque a veces la intelectualidad puede ser pretenciosa y ahí alguien pierde el encanto. Me gustan también la sensibilidad y la espiritualidad y, hablando de la parte física, creo que el éxito está en lo natural y que se ame a sí misma como es, así que abajo las siliconas.

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