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Reseña: Luis Miguel en concierto

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Luis Miguel
Getty Images

Un Luis Miguel más risueño, juguetón y conversador que de costumbre se presentó el viernes en el American Airlines Arena de Miami, FL. Por más de dos horas, no sólo hizo un deleitable repaso de sus más grandes éxitos, también interactuó con la audiencia y, al parecer, disfrutó cada minuto del show.

Dejando atrás su fama de inaccesible, Luismi saludó hasta a los fanáticos en las gradas más altas y agradeció con verdadera humildad que no hubiese ni una sola silla vacía en el abarrotado teatro. Para el asombro de muchos, también bailó unos pasitos, bromeó con los mariachis y derrochó sentido del humor al saludar –en un perfecto inglés– a sus admiradores anglo. Quizás se haya contagiado de la dulzura de Aracely Arámbula… ¿O será la paternidad la que ha hecho el milagro? Lo cierto es que el cantante mexicano de 38 años irradia felicidad y una madurez que le sienta a las mil maravillas.

Eso sí, sigue siendo un perfeccionista, algo que se nota en cada detalle de la producción, desde los cambios de vestuario hasta la iluminación, la calidad del sonido, el fastuoso escenario de tres niveles –forrado de láminas lumínicas– y los modernos montajes de gráficas y videos. ¡Y ni hablar de su inquebrantable y magistral voz!

También dio en el blanco con el repertorio, intercalando éxitos tempranos como “La incondicional”, baladas uptempo como “Bésame mucho” y boleros cargados de nostalgia como “El día que me quieras”. Y aunque la audiencia coreó embelesada su más reciente triunfo, “Si tú te atreves” de su álbum Cómplices, sin duda el momento más emotivo fue cuando el cantante reapareció en tarima acompañado de mariachis y cantó un popurrí de clásicas rancheras. El escenario se tiñó de los colores patrios mexicanos y temas como “Que seas feliz” y “La Bikina” se escucharon a mil voces.

Al parecer, este Luismi ya no es el reservado e inalcanzable playboy de sus inicios. Aunque sigue robando suspiros y generando frenesí en féminas de todas las edades, este Luis Miguel es una leyenda consagrada, con un envidiable don de gente, aire de Frank Sinatra y un sex appeal comparable sólo al de Julio Iglesias en su época dorada. Nada, que como el buen vino, El Sol sólo mejora con el tiempo.