Martin Betz
María Morales
May 17, 2005 AT 05:00 PM EDT

A Raúl de Molina, el fuerte y persistente dolor en la espalda, no lo dejaba tranquilo. Preocupado, el popular presentador de El gordo y la flaca (Univisión) acudió a su médico de cabecera y a un urólogo en busca de alivio. Quizás sea una piedra en el riñón que habrá que monitorear, le dijo el especialista antes de enviarlo a casa. Dos días después, la piedra brillaba por su ausencia y el presentador de 46 años ya no podía dormir del malestar. Al acudir con su esposa Mily a una sala de emergencia en el sur de la Florida, a De Molina le cayó una bomba encima. “La doctora me da la noticia de que tengo un tumor en el riñón derecho de este tamaño”, recuerda De Molina, quien con ambas manos hace como si estuviera sosteniendo una cabeza de lechuga. El tumor canceroso, de unas seis pulgadas de ancho por seis de largo, llevaba unos dos años, quizás más, creciendo dentro de él. “Me dijeron que me tenían que operar inmediatamente”.

Aunque parezca mentira, eso no fue lo peor que De Molina escuchó ese día en febrero. “Hablé con un doctor allí que me dijo: ‘Mira, yo hago este tipo de operaciones en el hospital, pero la verdad es que no te quiero operar porque como estás un poco gordo puede ser más arriesgado”, dice De Molina. “Allí me dio más miedo. Estaba aterrado”. Una segunda opinión en otro hospital le devolvió el alma al cuerpo. No sólo le podrían operar su tumor allí, le dijeron, sino que quien sería su cirujano hacía ese procedimiento una vez a la semana en pacientes muchos más gruesos que él. “Cuando oí eso, en ese mismo momento”, apunta De Molina, “me cambió la vida”.Y vaya que fue así. Dos meses después de la operación (en la cual se encontró un tumor encapsulado sin señas de haberse regado a otras partes del cuerpo), De Molina luce mejillas sonrosadas y su característica chispa de niño travieso. Sentado en la terraza de su acogedor apartamento en la exclusiva isla de Key Biscayne, De Molina muestra la incisión que le hicieron en el costado derecho y hasta bromea de su regreso al popular programa donde comparte los chismes del día con su copresentadora y amiga Lili Estefan. “El día que regresé, un mes y dos semanas después de la operación, un productor me dio una motocicleta pequeñita para entrar al programa”, ríe De Molina, quien no tiene necesidad de hacerse radiación o quimioterapia postoperatoria. “Mi doctor, que estaba conmigo, me dijo: ‘¿Tú vas a hacer eso? Cuidado si te caes y se te abre la herida’. Mi esposa me decía que si yo estaba loco. Pero entré en la moto y me divertí mucho”.

Ése es De Molina, asegura Estefan. “A veces lo veo y digo: ‘Yo quisiera ser más como este gordo que sí sabe vivir su vida’ “, dice ésta riéndose al recordar su entrada triunfal sobre la minimoto. “Él siempre ha tenido sus prioridades bien claras: pasarla bien con su familia, salir a disfrutar con amigos, no atormentarse y vivir su vida. Para muchos ésa es una vida de fantasía, pero para él no”. Quizás lo más sorprendente de todo es que a pesar de lo que ha vivido en los últimos meses, De Molina asegura no tener planes de cambiar nada en su vida. “Si cambio algo, será dedicarme a hacer más cosas con mi esposa y mi hija, que ya lo hacía anteriormente, muchísimo”, dice De Molina, cuyo apartamento está repleto de fotos de viajes familiares alrededor del mundo, así como de majestuosos cuadros de pintores cubanos como Wilfredo Lam, René Portocarrero, Pedro Vizcaíno, José Bedia y Manuel Mendive. “Siempre he sido de la filosofía de que te tienes que dar el gusto en el momento que te lo puedes dar porque nunca sabes cuándo te va a pasar algo”.

La cuestión de gusto se extiende a la buena mesa. “Don Francisco [el presentador de {Sábado gigante} (Univisión)] siempre me dice: ‘Tienes que perder 100 libras, te vas a morir de gordo’,” dice De Molina, quien ha perdido peso y hace ejercicio con un entrenador cinco veces a la semana. “¿Qué te voy a decir? Nunca voy a ser flaco flaco. Quizás me voy a morir de gordo, pero seré un gordo feliz”.

Bromas aparte, su esposo quiere seguir disfrutando su vida sanamente, asegura Mily de Molina. “Raúl está convencido de que todo por lo que uno se preocupa, el estrés de la vida, no vale la pena”, dice. “Él quiere estar aquí para todas nosotras”.

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