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Miriam Giglio / Cd. de México
January 30, 2008 AT 12:45 PM EST

Código postal tuvo dos fallas imperdonables. Fue más ambiciosa que la mayoría de las telenovelas juveniles y gustó más a los adultos que al grupo que iba dirigida. José Alberto Castro, alias El Güero, es un productor serio que se toma a pecho su trabajo. Por eso ha sido el creador de telenovelas de culto como Rubí y Serafín y de inexplicables fracasos como la extraordinaria Pueblo chico, infierno grande.

Cuando lo pusieron a cargo de crear una historia de jóvenes llamada Código postal la trató con la misma escrupulosidad y respeto que le había otorgado a sus producciones anteriores. El resultado fue una trama que podían apreciar viejos y chicos, pletórica de personajes completos, de historias complejas y de situaciones sombrías. Dentro del género juvenil, Código postal no se parecía a sus hermanas.

La telenovela juvenil tiene dos etapas. La primera surge a fines de los años ochenta con producciones como Quinceañera. Se trata de historias que giran en torno a adolescentes en conflicto, pero con un enfoque desde arriba. El ojo adulto vigila a los muchachos transgresores y les impone recompensas y castigos de acuerdo a una moral madura. Este tipo de telenovela siempre ha sido más apreciada por un público adulto que por los jóvenes.

La segunda etapa corresponde a las comedias musicales de Luis de Llano y sus sucesoras, donde personajes y trama son enfocados desde el punto de vista de adolescentes. La música y el reventón son más importantes que los estudios y las responsabilidades. El amor, aunque significativo, no es visto como para toda la vida. Los protagonistas viven el presente, nadie sueña ni con empleos ni con formar familia. Los problemas que se desarrollan en estas historias pueden parecer nimios a todos menos a público joven que comprende perfectamente su gravedad. Son novelas para jóvenes y tanto su atractivo y como su mensaje resultan herméticos para todos los mayores de 25 años.

Aun historias que comienzan con crudeza adulta como Clase 406 terminan en concierto y en travesuras juveniles que hacen al espectador adulto cambiar de canal. El ejemplo más emblemático fue Rebelde que superó el éxito de la versión original argentina Rebelde´s Way. Código postal fue del reverso del estilo Rebelde.

Se trataba de una historia coral sobre las vidas y milagros de un grupo de familias que convivían en un elegante condominio de Acapulco. Los protagonistas eran un grupo de jóvenes que vivían una vacación interminable, todo el año en Acapulco. ¡Qué lujo! Pero estos jóvenes no la pasaban nada bien porque sus mayores se habían encargado de enredarles la vida. Patricio tenía que aceptar el regalito de su adúltero padre: una media hermana que le ponía la piel chinita cada vez que la veía en bikini. Pablo luchaba contra el sentimiento de culpa que le había impuesto su madre por haber dejado ciego a su hermano. Afrodita tenía que matar al último de un enjambre de amantes de su alocada madre, cuando éste intentaba violar a su hermanita. Como los Héroes de la popular serie americana, este grupo de niños ricos debía salvar un mundo enfermo y, de paso, curarlo.

Un error de Código postal fue alargarla. Al hacerlo, se dejó a un lado la trama y se concentró la novela en música y malos entendidos que restaron calidad a la historia. La ida de Jery Sandoval quien daba vida a Regina también dejó cojo al argumento. Aunque encantadora, África Zavala y su personaje de Victoria, nunca llenaron los zaparos de actriz colombiana. A pesar de estos traspieses, Código postal terminó con dignidad. El terrible cáncer que casi se llevó a Chuy, descrito gráficamente hasta el mostrar al niño calvo, aportó dimensión y dramatismo a la telenovela.

Código postal nunca alcanzó la popularidad de Rebelde o de las series de Pedro Damián, precisamente porque se alejó del esquema superficial y estridente de la telenovela juvenil. Paradójicamente eso es lo que la hace meritoria. Sus personajes no eran niños con cerebro de pollito que ningún padre querría en su hogar. Los personajes adultos tampoco correspondían a estereotipos exagerados de viejos retrógrados y gruñones. Debido a eso, la telenovela gozó de la aprobación de los adultos, pero no la de la audiencia para cual estaba hecha. El publico joven se sentía incomodo con estos personajes que parecían viejos. En eso Código falló. Aparte, fue una telenovela excelente.

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