Rubio y Bracho: Mezcalent, Ruffo: Telemundo
Miriam Giglio / Cd. de México
May 08, 2008 AT 10:00 AM EDT

El drama maternal ha perpetuado la imagen de una madrecita sufrida y llorona, pero en las telenovelas, la madre es un arquetipo que puede venir en cualquier forma: villana, egoísta, castrante, liberada o devota, incluso puede no ser madre desangre pero su instinto maternal es tn grande que abarca a quienes no llevan su sangre.

Destruyendo un mito La gran era del dramón maternal fue en los años sesenta. Ahí, María Rivas, Amparo Rivelles y Silvia Derbez perdían hijos o criaban a los ajenos. Doña Amparo retornó a la madre patria, pero la mamá de Eugenio Derbez siguió en onda maternal hasta su muerte. Incluso ocupó el trono vacante dejado por Doña Sara García y pasó a ser “la abuelita de México”.

Junto a estos ejemplos de amor materno, aparecían telenovelas experimentales que trataban de dejar caer la bomba sobre ese estereotipo maternal tan sublime, y tan sacrificado. En Gutierritos, María Teresa Rivas era mala esposa y mala madre. En La Hiena, Amparo Rivelles se atrevía a interpretar a una madre perversa y hasta hubo, en esos días, una telenovela llamada Madres egoístas que tuvo su nueva versión en 1992. Ahí, Julieta Rosen, demasiado joven y guapa para soportar una viudez prematura, huía a Europa dejando a su hija, interpretada por una Anahí en miniatura, a merced de todo tipo de villanos.

Fue en los años ochenta y en Venezuela, donde se atrevieron a crear madres de carne y hueso que se equivocaban y se redimían. Lo curioso fue quien destruyera este mito de la “gran madre” fue la más tradicional de las guionistas. En 1977, Delia Fiallo se reinventó como autora de “dramas didácticos” que estaban muy en boga.

En Rafaela, ella describía la carga de Caridad Martínez, una mujer como muchas del estrato humilde caraqueño. Siempre luchando contra la pobreza y contra las hormonas que la llevaban a tener seis hijos de padres diferentes. Aún así, Caridad era un modelo y un punto de apoyo para sus hijos.

En Cristal, Delia Fiallo tuvo uno de sus mejores momentos al crear una historia con dos heroínas: una ingenua modelo y la madre que la abandonó. Lupita Ferrer retornaba las telenovelas, no como llorona pasiva sino como una agresiva mujer de negocios que ve su mundo amenazado por una advenediza a la que hay que erradicar, hasta que descubre que la odiada enemiga es la hija que un día dejara en un portal para evitarle una vida de miserias.

Cristal describía cómo una madre renunciaba su hija para protegerla, pero la escritora anteriormente había llegado aún más lejos al describir cómo una mujer abandonaba a un hijo por ser el odiado producto de una violación. Aunque Leonela se pasaba la novela tratando de recuperar al hijo que había regalado, el público no olvidaba cómo había recibido la noticia de su embarazo, cómo intentaba abortar y, finalmente, rechazaba a gritos al recién nacido. Tras estos ejemplos, el drama maternal y la imagen angelical de la madre mártir quedaban obsoletos.

Reinventando el drama maternal Los dramas maternales comenzaban a adquirir otro cariz y ningún ejemplo puede ser más representativo que Cuna de lobos. Mirándola bien, este fue un drama maternal: la historia de tres mujeres en pugna. Cada una impulsada por ese instinto materno tan prodigioso. Catalina Creel (María Rubio) cometía los peores crímenes en nombre de la devoción que sentía por su hijo. Su nuera, Vilma (Rebecca Jones, la apañaba, motivada por el miedo de perder al hijo adoptivo que había despertado todo su instinto de madre, y Leonora Diana Bracho luchaba contra ambas para recuperar a su hijo robado. Todo en un marco muy particular, mezcla de film noir y tragedia renacentista. Así se reinventan los géneros.

Hoy, las telenovelas presentan los lados oscuros de la maternidad con personajes como la caricaturesca Montserrat de Lola… Érase una vez, la alcohólica Luciana de Al diablo con los guapos y la despiadada Gabriela de Fuego en la sangre, pero el drama maternal que gira en torno a un ser generoso y protector también vive, sólo que madres como Victoria no son ángeles sublimes sino seres de carne, hueso y hormonas.

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