Esteban Calderon / Azul PR
Vicglamar Torres/NYC
October 06, 2010 AT 05:00 PM EDT

Orlando es intenso, lo sabe y le gusta. No se anda por las ramas a la hora de provocar con su música. Sus melodías son inteligentes, no se componen de frases hechas que riman a rajatabla unas con otras. Son canciones juguetonas y rozan de alguna manera el estilo de geniecillos como Julieta Venegas, Ely Guerra y Natalia Lafourcade, a quien acaba de abrirle un par de conciertos en California. Las admira, pero no las copia. Sin embargo, en su música al igual que en la de ellas se siente la acidez y la ironía que se burla inclusive de sí mismo. Se nota hasta en el nombre de su primera producción discográfica Capullo, que ya está en el mercado.

“Que el disco se llame de esta manera responde a una serie de coincidencias, pero la verdad empezó como un juego irónico. Viajé a España para trabajar parte del disco con el productor Fernando Corona. Allá descubrí que usan la palabra capullo de una manera un poco ofensiva: es como para menospreciar algo o para calificarlo de tonto y eso me encantó. Además, lo conecté con la naturaleza y por último es como algo que está a punto de florecer, es el comienzo de algo, que es lo que significa este disco para mí. Es también como la perdida de la inocencia”.

Explícate un poco mejor ¿qué inocencia?
Todas. La musical, la empresarial. Hacer carrera dentro de la industria de la música no es cantar y ya. Tienes que tener idea de marketing. Eres tu propio producto y tienes qué estar claro en eso desde el principio y decidir cuánto control quieres tener sobre ese producto.

Eso suena más a estudio de mercadeo que a lanzamiento de un disco meramente…
Es todo. Es más un concepto. Fíjate, capullo también se relaciona con el florecimiento y me pareció súper padre la imagen de la flor en la boca porque es un juego de la palabra que florece a través de la música. También sé que es fuerte y que puede resultar controversial la imagen mía con la flor en la boca.

¿No te parece que eres muy intenso?… ¿eso querrá decir que tus canciones son aburridas?
No, para nada – dice sorprendido el cantautor de 30 años– Todo lo contrario, quiero que la gente disfrute con mis canciones, que no sea ni una tortura, ni una lección de moral ni tampoco un tratado para poner en papel todo lo que sé o lo que creo que sé. Lo que pasa es que al elaborar el concepto del disco puse a trabajar algunas cosas que me enseñaron mientras estudiaba comunicación en la universidad. Digamos que entró a jugar mi lado teórico.

Todas las canciones del disco son tuyas, ¿cómo es tu proceso creativo?
Cada canción ha sido un trabajo que nació de mis cuestionamientos, de mis razonamientos. En mi cabeza hay como mundos paralelos que van adquiriendo estructura en la medida en que la canción va tomando forma.

Pero a veces la forma que adquieren no es la mejor, ¿cómo sabes que una canción está lista?
Me ha pasado. Por ejemplo con el tema “Sólo Dios sabe” es una canción que nació mientras estaba armando otra y, se me ocurrió ponerme a pensar en la espiritualidad. Lo primero que tenía era como un gospel que no iba a ninguna parte, así que cambié el concepto por completo. “¿Dónde va?” es más como de romance. Pensándolo bien lo que hago tiene mucho de romance.

¿Eres enamoradizo?
Sí, si lo soy. Definitivamente en todos los aspectos de mi vida me gusta llevar las cosas hasta las últimas consecuencias. Con la música soy igual. Me expongo totalmente. Pienso que de eso se trata de desenmascararte por completo y a la vez de abrirte hacia nuevas cosas y tener la humildad y la capacidad de procesarlas. Por eso creo que soy como una oreja con cuerpo también.

¿Te gustaría que ese fuera el título de esta entrevista: Orlando, la oreja con cuerpo?
Suena padrísimo ¿por qué no? Te apuesto que es tan loco que llamaría la atención.

Pues entonces probemos…

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