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Miriam Giglio and Cd. de México
March 17, 2008 AT 03:35 PM EDT

Para acallar las críticas que rodearon a su cinta Marie Antoinette, la directora Sophia Coppola adujo que intentaba convertir a la infortunada reina y a su corte en típicos adolescentes modernos. Esa fue su excusa para gastar millones en vestuarios y escenografías y olvidar por completo el concepto de atmósfera histórica. Si en Hollywood ya perdieron conciencia de ese elemento indispensable, ¿qué le queda a su hermana pobre, la telenovela de época?

Olvidos de pasión
Por décadas, la telenovela tuvo su mejor exponente en amores de tiempos antiguos. Hay un segmento del público que se estremece al ver a galanes y divas con ropas arcaicas, al saber que el amor también existió en otros siglos y al explorar esa época. El buen telenovelero incluirá entre sus favoritas a más de una historia de época. Alguna versión de Corazón Salvaje, alguna de esas increíbles producciones históricas tan afamadas del legendario Ernesto Alonso o un éxito brasileño, porque en Brasil este tipo de novela produce joyas gracias a la elaborada escenografía y la cuidadosa investigación histórica.

Es difícil y caro hacer este tipo de producción. Tanto vestuario como mobiliario deben ser recreaciones fidedignas del pasado. Triste es que esa obsesión por el detalle histórico no incluya la historia, caracterización y atmósfera. La época en que historiadores de talla asesoraban las producciones históricas de Ernesto Alonso yacen en el pasado. Esto no se aplica únicamente a las producciones de Televisa. El Zorro fue es un ensayo de anacronismos que hacia al espectador preguntarse no sólo en qué época, sino también en qué espacio geográfico vivía el ilustre enmascarado. ¿Cuándo hubo caníbales en California?

Pasión comenzó bien. Se notaba que Carla Estrada y compañía habían hecho su tarea. El mundo pirata estaba muy bien reproducido. Hasta fabricaron un bajel pirata. El vestuario perfecto y era adecuado para la época en la que sucedía la historia, pero poco a poco los deslices comenzaron a hacer aparición.

Cuando el personaje de Susana González intentaba huir de La Mariana, le pidieron pasaporte. ¿Había pasaportes en esa época? El hotel de una aldea de mala muerte como San Fernando parece una versión antigua del Sheraton, hasta tiene una recepción y llaves. ¿Acaso no saben que en esa época había fondas y posada? ¿Se olvidó Carla Estrada de la fonda donde Colunga y Adela Noriega consumaron su Amor Real? Pero eso no es todo. ¿Han notado las copas y loza que usan en Pasión? En mi alacena tengo tazas de porcelana que se ven más antiguas.

Anacrónicas y deslenguadas
Una obsesión con la telenovela de época moderna es convertirla en soft porn. En Pasión por ejemplo cada vez que se estrellan contra ese petrificado argumento que no se sabe adonde va ni de donde viene, meten una escena de William Levy y Maya Mishalska encuerados o mandan a Colunga a seducir a su esposa-concubina.

Una consecuencia de esta obsesión sexual es la modernización de lenguaje y de la manera de pensar de los personajes femeninos, los cuales no actúan como las mujeres en las grandes novelas de época. En Corazón Salvaje, Edith González no sabía lo que era un burdel. En Amor Real, Adela Noriega no sabía como se evitaban los embarazos. En Pasión, en cambio, Lisabeta, virgen e ignorante, comprendía perfectamente los detalles de la impotencia de su padre. ¿Y dónde se ha visto que una doncella recatada, como lo era Camila al comienzo de la novela, salga con un “no se le levantó” para referirse a la flacidez de cierto órgano masculino?

El lenguaje es una falla tremenda en la telenovela de época. En Pasión proliferan los anacronismos idiomáticos. Se oyen “ni modos” y “cara de fuchi” y otras modalidades chilangas por doquier, que serían insospechadas en el habla colonial. En La Traición también salen con frases ultra modernas, que hacen chirriar los dientes de los puristas, casi tanto como la estrepitosa e incongruente música de fondo.

Es triste escuchar que Pasión es la telenovela más cara hecha en Televisa o que en La Traición se han preocupado por ser muy meticulosos tanto en el vestuario como en el mobiliario histórico. Pero quizá deberían esmerarse más en capturar la atmósfera histórica en lo que se refiere a situaciones, lenguaje y manera de pensar. Antes de decidirse a hacer una telenovela pseudohistórica deberían preguntarse si el argumento y personajes no funcionarían mejor en un espacio moderno. Si la respuesta es afirmativa, entonces no se molesten en confeccionar faldas largas o construir barcos piratas.

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