Diego Robledo
Armando Correa
September 19, 2005 AT 12:00 PM EDT

Con su libro bajo el brazo y su eterna sonrisa, Myrka Dellanos llega al estudio de televisión con la tranquilidad de alguien que ha dejado un huracán a sus espaldas. No es para menos. En los últimos dos años, su vida ha sido un torbellino desde que su rostro fue asociado al soltero eterno, Luis Miguel, y comenzó la lluvia de especulaciones sobre su posible embarazo, la inminente boda o la esperada ruptura. Ahora las cosas han cambiado, Dellanos, de 40 años, ocupa de nuevo los titulares no porque dejó a Luis Miguel o porque abandonó Primer impacto o porque tiene un nuevo novio. Todo lo contrario, la diva de Univisión llega ahora con un libro “escrito de mi puño y letra”, haciendo gala del dicho de que “el que ríe último, ríe mejor”.Aquí te presentamos un extracto de Triunfa y sé feliz (Random House).

(…) Cuando me divorcié por segunda vez (¡no me gusta siquiera el sonido de esas palabras, pero, bueno, debo aceptar que así sucedió y seguir adelante!), pensaba que nunca dejaría de sentir ese terrible dolor. Despertaba por la mañana y me decía: “Ay, para qué desperté… ¡otro día más en esta pesadilla!”.

En ese momento mi mayor sosiego era poder dormir y eso tampoco resultaba fácil porque no tenía paz interior y constantemente le cuestionaba a Dios por qué me había sucedido esta experiencia tan desagradable por segunda vez.

Cuanto más pensaba en mi situación y cuán terrible era lo que me ocurrió, peor me sentía y más me sumía en mi tristeza. Me parecía estar en un hoyo negro que no tenía salida. Eran tanto el sufrimiento y tanta mi desilusión al ver que por segunda vez no había funcionado mi matrimonio que ¡no quería vivir más! Estaba cansada, lo sentía en la espalda… padecía todo tipo de dolores físicos… ¡hasta el corazón me dolía, literalmente! Y es que la mente es muy poderosa.

Si sólo piensas en cuán horrible es tu situación y cuán deprimido te sientes, más negativo será tu estado de ánimo… y podrás incluso enfermar del sufrimiento. Créeme, que yo – gracias a Dios – siempre he sido muy saludable, pero en esa época tan oscura ¡me enfermé muchísimo!

Me daban gripes. Perdí la voz por lo menos tres veces, algo terrible porque tenía que hacer mi programa Primer Impacto en vivo todos los días por Univisión, ¿te imaginas?

Contraje una alergia en la piel que me provocaba ronchas en todo el cuello; ¿la causa?, el estrés surgido por los acontecimientos de mi vida personal. Perdí mucho peso: en sólo un mes bajé diez kilos y todos se preguntaban qué andaba mal conmigo. También desarrollé cálculos en los riñones y, como ya te conté, tuvieron que hospitalizarme en Seúl, Corea, ¡justo el día de la final de la Copa Mundial de Futbol!

En esa época ya me sentía mejor, pero todo ese sufrimiento y depresión dejaron huellas en mi cuerpo. Para colmo de colmos, no quería hacer comentarios sobre mi vida personal – siempre he sido muy celosa de ella – y nunca hablé en público sobre mi divorcio.

Como es de suponer, los medios amarillistas deseaban descubrir por qué estaba tan delgada y por qué no usaba mi anillo de bodas. Eso me afectaba sobremanera y cada vez que leía lo que publicaban las revistas, lo que estaba viviendo me dolía aún más. Es muy difícil enfrentar las cámaras avasallada por la desilusión y percatarme de la poco deseada atención que me prestaban la prensa y otros programas.

Eso ya es cosa del pasado y no quiero que piensen que me quejo; sé que muchos de ustedes habrán vivido situaciones peores y desilusiones mayores. Lo comparto aquí para que sepan que siempre sale la luz al final del túnel, que Dios nos regaló un arcoiris después de cada tormenta como señal de que Él siempre estará con nosotros, en las buenas y en las malas. Y, en realidad, ¿quién más nos acompaña, de manera incondicional? Tal vez tus padres, acaso tu pareja y – ojalá que así sea – tus hijos. Pero no todo el mundo es tan dichoso. Yo puedo agradecer el haber tenido siempre a mi madre a mi lado, lo cual es una gran bendición y, por supuesto, desde el mes de diciembre de 1993, a Alexa, mi hija, y mi mayor regalo de Dios.Sin embargo, es posible que tú que estás leyendo estos párrafos no tengas a nadie en este momento y pienses: “Myrka, lo que tú sufriste ¡no es nada en comparación con lo que yo sufro o con lo que he sufrido!”. Lo creo, pese a mi dolor, siempre me he sentido bendecida y protegida por Dios.

Además, mi gran fe me ha ayudado a seguir adelante. Por eso te recomiendo que siempre confíes en que todo lo malo y lo negativo llegan a su fin en un momento dado. Dios está contigo y, aunque en ocasiones pienses que se ha olvidado de ti o de tus circunstancias, no es así, no te ha abandonado.

i ahora atraviesas por un tiempo tormentoso, pronto llegará tu propio arcoiris, te lo aseguro. ¡No pierdas la esperanza!¡Ya lo verás! (…)

Recuerdo que en la depresión que viví mi buen amigo (y maquillista) Lazz me comentaba: [P] – Myrka, Dios no te va a dar lo que tú quieres, sino lo que realmente necesitas. ¡Cuánta sabiduría hay en esas palabras! Por favor, repítelas y reafírmalas: “Dios no te da lo que tú quieres, sino lo que necesitas”.

En ese momento lo único que anhelaba era que mi esposo regresara a casa y que nuestro matrimonio funcionara. Le rogaba a Dios que hiciera que volviera; de hecho, se lo pedí todos los días, durante casi un año entero. Y aunque sí tenía fe en que el problema se resolvería de alguna manera, no entendía por qué me sucedía eso. No quería sufrir más, deseaba conservar mi matrimonio intacto para toda la vida. Pero ahora que han pasado más de tres años de esa odisea, me doy cuenta de que hoy estoy mejor sin esa persona. Ya he tomado conciencia de por qué las cosas sucedieron como sucedieron y le puedo dar gracias a Dios por ello. Pero todo requiere tiempo y tu problema no se acabará hasta que no deba ser así

Triunfa y sé feliz por Myrka Dellanos (Random House, 2005).

Lee esta historia completa en la nueva edición de PEOPLE EN ESPAÑOL que ya está a la venta.

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