Alexandra Wyman/WireImage
Huáscar Robles
January 19, 2012 AT 11:12 PM EST

La película Miss Bala cuenta la historia de Laura, una joven atrapada en el mundo de la violencia. El propósito del filme es llevar el mensaje de lo que ocurre cuando la violencia es institucionalizada y así lo logró el director Gerardo Naranjo. La película, una producción de CANANA, la casa productora de Diego Luna, Gael García Bernal y Pablo Cruz, no sólo pintó la realidad que vive gran parte de México sino que logró devolverle la atención a un problema que permea en Latinoamérica. El filme salió de la carrera para competir por el Oscar como Mejor Película Extranjera no sin antes dejar una huella indeleble en la audiencia, huella que podrán observar a partir de hoy en los cines de Estados Unidos.

La actriz principal Stephanie Sigman y el director cuentan de su experiencia al rodar Miss Bala.

¿Cómo se diferencia la forma que se presenta el tema del narcotráfico en el filme comparado con otros?

Gerardo Naranjo:            Una parte importante de la película es que puedes imaginarte que es de narcotráfico. No hay una imagen de droga en todo el filme. Puedes inferir que estos criminales tienen que ver con un grupo de poder en el narcotráfico. Para mí era importante que la película hablara del estado de las cosas en la sociedad. Y para mí lo importante era mostrar cómo los criminales se abren paso en una sociedad que les permite [hacerlo] y que ellos son más o menos como los dueños de la sociedad y la institución.  No era ver cómo funciona el negocio de estos criminales sino lo que ocurre cuando una sociedad ya está tomada por el crimen.

¿Cómo lograste cinematográficamente comunicar esa violencia?

Bueno, tratar de ser claro y de sacar la basura. Lo importante no era usar el diálogo de forma explicativa sino con las imágenes. Lo hicimos a través de tomas sostenidas, a través de un ambiente opresivo, a través de una estética que no te deja ver claramente todo, crear una emoción en el espectador, no solo con palabras sino con imaginación.

Stephanie, ¿cómo lograste comunicar esta tensión con tu lenguaje corporal?

S:            Pues creo que tuve mucha suerte.

G:           Bueno era nuestro reto.

S:            Era el reto, no sé si se logró, pero era el tono que Gerardo quería darle a la película. Gerardo me dijo que no quería una actuación melodramática que quería que el personaje tuviera dignidad y que no quería que estuviese llorando tirada en el suelo. [Dijo], ‘tienes que decir todo con los ojos’, pero cuando hay mucha información dentro [de ti], [el dolor] está presente y se ve.

¿Crees que el no haber tenido tanta experiencia – sobre todo en novelas, en las cuales se es melodramático – fue una ventaja para ti?

S:            Pues sí. Uno se llena de trucos y vicios.

Gerardo, ¿eso fue una de las razones para escogerla?

G:           Absolutamente. Hay varias cosas que estaba buscando. Lo paradójico fue que la encontré en un comercial de champú. Lo cual para nosotros es un chiste, pero lo que vi en ella fue una fortaleza interna que podía llevar el personaje de Laura. Y así fue.

Tan reciente como en diciembre hubo reportes de transporte de armas a través de la frontera. ¿Qué te gustaría que fuera el efecto del filme en cuanto a política pública?

Unas 2,000 armas diarias dice un candidato que ahora está corriendo. Me gustaría pues, lo que está pasando, que The New York Times haya puesto una nota sobre esto. Que The Wall Street Journal ponga una nota sobre eso. Me gusta que la película genere una discusión. Aspiro a dos cosas: que la gente vaya al cine y tengan un experiencia estética y que provoque algo.

La compañía detrás del filme (CANANA) es de Diego Luna, Gael García Bernal [y Pablo Cruz]. ¿Qué te parece la ironía de que esta producción de Miss Bala  trata de llevar un mensaje real de la violencia y por otro lado que Diego Luna esté actuando en Contraband que hace completamente lo contrario?

[Miss Bala] vive en una paradoja. Lo de Diego lo veo chistoso: que Contraband y Miss Bala tengan el mismo poster –  Contraband con Mark Walhberg colocándose los billetes y  Miss Bala  también – es una paradoja. Que una película que ataca a su propio país y esté nominada por su propio país para representarlo en los Premios de la Academia me parece que es otra paradoja. Y sí creo que se debe al poder de la película. Creo que la película tiene un cierto poder que traspasa cierta frontera de lo que es y lo que no es. Estamos peleando para representar a México con una película donde se habla mal de México. Me parece [que es un comentario del] poder del cine. Creo que la hace especial; si todo tuviese sentido entonces me preocuparía.  

 

 

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