Richard McLaren
Joselly Castrodad-Sánchez
June 20, 2006 AT 12:05 PM EDT

El reloj marcaba las 3:00 de la tarde y los pequeños Cristian y Ryan esperaban pacientes la llegada de sus Chicken McNuggets. Habían pasado la mañana haciéndose compañía, entretenidos con sus lápices de colores, corriendo tras una pelota de plástico azul y tocando unas flautas de madera. Mientras tanto, como todo un hombre del siglo XXI, su padre, Marc Anthony, hacía mil cosas a la vez sumergido en un complicado día de trabajo en Los Ángeles; eso sí, sin quitarles los ojos de encima a sus retoños. Aparte de sus responsabilidades de artista, los dibujos del tímido Cristian obtuvieron su absoluta atención, provocando abrazos y caricias. Las piruetas del enérgico Ryan suscitaron las más sonoras carcajadas y reconocimientos paternales. “¿Ya comieron mis hijos?”, manifestó luego Marc Anthony al hablar de sus prioridades. “¿Están felices y saludables? No me importa más nada. No importa lo ocupado que esté”.

Por lo que cuando llegó el envío de McDonald’s, Marc Anthony, Cristian y Ryan dieron pausa al itinerario de fotos y entrevistas. Enseguida se retiraron a compartir un almuerzo en privado como lo que son: sencillamente un padre y sus dos hijos. “En la vida, tienes que estar satisfecho con las cosas más simples, que van a llevarte a tu supervivencia”, añadió el artista. “Así es, en ese lugar me encuentro y estoy OK”.

Un lugar abstracto, pero de madurez para el nuyorican, cuya ajetreada vida artística lo lleva de ciudad en ciudad en cuestión de horas y le roba tiempo para compartir con sus criaturas. Pocas veces Marc Anthony ha estado tan solicitado como ahora. Un día está en Nueva York –con la otra mitad de esa pareja poderosa que compone junto a su esposa, Jennifer López– en alguna gala o codeándose con las figuras más influyentes del mundo escogidas por la revista Time, o como el Gran Mariscal Nacional del tradicional Desfile Nacional Puertorriqueño. Al día siguiente lo pueden ver en Los Ángeles, donde hace poco recibió un reconocimiento en los premios Alma por su trayectoria musical de más de una década.

El rotundo éxito de su participación el año pasado en la gira Juntos en concierto lo llevará a repetirla este verano lejos de casa, esta vez junto a Marco Antonio Solís y Laura Pausini. Marc Anthony también lanzará al mercado un disco de sus éxitos titulado, curiosamente, Sigo siendo yo y se prepara para presentar al mundo a su Héctor Lavoe, su reencarnación de la malograda leyenda de la salsa, en la cinta biográfica El cantante. “Marc es aún mucho más talentoso de lo que la gente conoce”, dijo a PEOPLE EN ESPAÑOL su también colega y co protagonista, Jennifer López. “Él ya es una leyenda”.

Al igual que en el caso de Lavoe, el talento innato, su singular estilo interpretativo y su poderosa voz han hecho del muchacho de East Harlem, El Barrio, el favorito de los que también aprecian como éste se entrega totalmente frente a las cámaras y sobre los escenarios. Marc Anthony es de los que besa el suelo de agradecimiento, brinca estremecido por la emoción y se le brotan las lágrimas del sentimiento, expresando la vulnerabilidad –y la valentía– de quien luce el alma en la solapa, sin reparo. “Él es totalmente apasionado”, dice su amigo, el productor musical Sergio George. “Y la gente se lo cree. Marc Anthony ha superado todo eso de que hay que ser guapo, tipo Clark Gable. [Lo que importa] es lo que él lleva dentro, con lo que le toca el corazón a las personas”.

Y con lo que las hace disfrutar de un buen rato. En su diminuto cuerpo alberga un sentido del humor gigante. Tirado en un sofá con un cigarrillo en la boca, en el momento en que le ofrecen una segunda cerveza llegada la noche, se le ocurre preguntar con coquetería: “¿Será que están tratando de emborracharme? Miren que soy un hombre casado…”. Por lo mismo, el título de su disco, Sigo siendo yo, tiene un significado más profundo. “Yo soy el mismo”, observa mientras parece lamentar que la gente piense que es un tipo serio en extremo. “El que hace tonterías, se burla de sí mismo y sólo quiere ser feliz”, aclara el cantante. “La percepción que la gente tiene de mí será distinta, pero no he cambiado”.

Una esencia que, según el artista de 37 años, se consolidó con la ayuda de sus mentores: Paul Simon, Rubén Blades, Tito Puente y Celia Cruz. “Ellos me enseñaron lo que verdaderamente es importante”, reconoce Marc Anthony. “No necesito los aplausos para saber que soy alguien o para sentir que soy un buen padre. Ésa no es la razón por la que hago esto”.Un pronunciamiento que podría sonar contradictorio en la boca de alguien que, por decisión propia, se sube a un escenario a cantar frente a miles de fanáticos. “La fama es incómoda para mí, porque no necesito llenar con ella ningún vacío dentro de mí”, comenta. “Por eso ni me gusta que me tomen fotografías. Mi vida no se basa en eso”.

Lo cierto es que su aversión a las fotografías, así como su reticencia a la hora de conceder entrevistas es conocida. Cuando se le comenta que el deseo de la gente de verlo y de saber más sobre él es la consecuencia de ser una figura pública –que ha estado casado en dos ocasiones con celebridades– su semblante y actitud dan un giro de 180 grados. Es su forma particular de proteger su intimidad.

De la misma manera en que Marc Anthony logra ser el romántico cantante y compositor, el sensible actor, el padre, hijo, hermano y esposo lleno de cariño, también puede convertirse en una fiera con quien le trae a colación los sucesos –y los cientos de rumores– que han coloreado su imagen en los últimos tiempos: dicen que posee un carácter controlador en sus relaciones, que luce cansado y que es un casanova.

Tras años de estar en el negocio del entretenimiento, Marc Anthony le ha perdido la confianza, el respeto y la paciencia a la prensa. “Si van a escribir sobre lo que pasa en mi casa”, dice a medida que su respiración se hace más y más agitada, “tienen que haber estado en mi casa. Pero no, alguien se tiene que sentar en un jodido escritorio a contar sobre lo que sucede en mi hogar. Es ridículo”.

Lo cierto es que, por momentos, las especulaciones sobre la vida de Marc Anthony parecen multiplicarse. Cuando se le mencionan las observaciones de algunos reporteros sobre su aspecto, a veces desmejorado, su contestación es visceral: “Si todos ellos trabajaran tan duro como yo, también se verían bien jodidos. Así es como contesto a esa mierda. La diferencia es que yo siempre tengo una cámara en mi cara para capturar cuando estoy cansado”.

Para los que lo conocen, lo que nutre esta relación tortuosa del cantante con los medios es, en parte, su propia determinación de mantenerse alejado. “Mientras más se rehúsa a dar entrevistas, más quieren hablar con él”, observa George. “Y más quieren saber qué es lo que está pasando”.

¿Será verdad, entonces, que Marc Anthony y Jennifer López esperan su primer hijo? “En primer lugar, eso no es asunto de nadie”, contesta el artista evidentemente agobiado por el cuestionamiento. “Y en segundo, desearía que fuera cierto”, añade tras una pausa en la que recupera la compostura.

Al fin y al cabo, Marc Anthony es un ser humano, como cualquier mortal, con virtudes y defectos. “Me cepillo los dientes, me ducho… me da acidez estomacal”, comparte. “La gente separa al artista de su realidad… No me juzguen bajo otros criterios simplemente porque soy cantante”.

Al cabo de un día tan intenso entre fotos e interrogatorios, Marc Anthony y sus niños están comprensiblemente agotados. Todos han dado más de lo que esperaban y justamente se retiran al hogar en donde el artista es libre del asedio de los periodistas y de las “ratas” que para él son los paparazzi. La misma en donde Marc Anthony, el hombre, guarda su colección de artefactos históricos, de joyería y barros de antes de la era de Jesucristo. “También tengo una biblioteca histórica inmensa”, dice el intelectual.”Me encanta aprender sobre los errores de los demás”, añade.

Entendido y anotado. Pero, considerando lo que dice el refrán, está visto que nadie escarmienta en cabeza ajena.

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