Julio Kamara
Lena Hansen
April 20, 2011 AT 01:00 PM EDT

Al presentarse en el teatro Fillmore de Miami Beach el pasado viernes, la banda mexicana Maná dejó algo bien claro: hay Maná para rato. Los cientos de fanáticos que recibieron con gritos a los roqueros y corearon sus grandes éxitos durante este recital privado de Univisión Radio, dieron fe de ello.

Y es que los músicos que debutaron hace 20 años bajo el nombre de Sombrero verde, aún siguen causando frenesí y dando lo mejor en las tablas.

En su décimo disco, Maná parece regresar a sus inicios, haciendo eco del sonido más melancólico de producciones rompebarreras como Sueños líquidos (1997).

“Es un disco hecho a fuego lento”, dice Fher Olvera de Drama y Luz (Warner Music Latina), el cual compuso en un momento de crisis personal tras el fallecimiento de su madre Rosario Sierra, víctima del cáncer, en el 2010.

Según Olvera, la mejor medicina durante este duelo fue crear música y estar cerca de su hijo Dalí, de tres años.

“Es alucinante. Yo ya tenía ganas de un bebé”, confiesa el cantante de 51 años, quien dedica el tema “Vuela libre paloma” a su madre. “Unos se van y otros vienen”.

Si en algo coinciden los músicos, además de su insaciable sed de permanecer en tarima, es en que la paternidad ha enriquecido sus vidas.

“Aman lo que hacemos”, dice el baterista de origen cubano-colombiano Alex González, de 42 años, sobre sus hijas Rafaela, Miki y Antonela. “Viajan con nosotros y disfrutan los conciertos. Para mí tener familia ha sido un super mega plus en mi vida”.

Lo mismo piensa el guitarrista Sergio Vallín, de 38, sobre su hija adolescente.

“Ya la he visto medio enamorada”, ríe incrédulamente el roquero. “Uno como padre tiene que encaminar a los hijos a que sigan su intuición y cuando conozcan a una persona buena que traten de dar su corazón”.

Corazón es lo que Maná le ha puesto a este nuevo álbum, que aunque conserva sus tintes roqueros en temas como “El dragon”, rescata la nostalgia de “En el muelle de San Blas” en místicas baladas como “Sor María”, sobre el pecaminoso deseo que un sacerdote despierta en una monja, con cantos gregorianos de trasfondo.

Sanador y lleno de esperanza, el álbum también ofrece himnos redentores como “No te rindas” y aboga por el fin de la discriminación a los hispanos en la electrizante “Latinoamérica”.

“Ya estamos prendidos”, añade González. “Cada disco sentimos que empezamos de cero. Somos adictos a la adrenalina de la gente, sentir esos gritos en los conciertos”.

De seguro esos no faltarán durante su gira mundial, que arranca en junio. El concierto del viernes fue solo una probadita de lo que viene.

“Es una relación muy intensa la que Maná tiene con su público”, ríe el baterista. “Es muy apasionada. Damos todo”. Por su parte Olvera asegura que la fama aún lo asombra. “Me sorprende donde hemos llegado”, admite. “Si a mí hace 20 años me hubieran dicho que íbamos a llegar aquí, yo jamás lo hubiera creído”.

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