People en Espanol logo

Subscribeme

Manténgase conectado

Suscríbete

Anúnciate con nosotros

Más

Skip to content

Article

Madre vs. hija

Publicado

Edith González, Génesis Rodríguez
Telemundo

La relación entre padres e hijos cada vez se vuelve más difícil en este mundo tan caótico. Las telenovelas reflejan e incluso exageran esa realidad. En Doña Bárbara (Telemundo), se han atrevido a llevar la disfuncionalidad familiar aun mas allá convirtiendo a una madre y a su hija en rivales de amores.

PELÉANDOSE POR UN MACHO

Aunque muchas novelas incluyan padres e hijos compartiendo la misma mujer, existe un tabú delicado en lo que respecta a enfrentar a madre e hija por un macho. Después de todo, la telenovela enaltece las funciones de la maternidad. Sin embargo, algunas novelas han tocado el tema. En Retrato de familia, Yolanda Andrade se encaprichaba de tal manera con su padrastro (Alfredo Adame) que se enfrentaba a su madre (Helena Rojo).

Más tradicional fue Amada enemiga. Regina (Susana Dosamantes) estaba casada con un hombre mayor (Guillermo Murray) con quien aparentemente era feliz. Esa felicidad se derrumbaba cuando en unas vacaciones sostenía un breve affair con un joven medico (Enrique Ibáñez). Tiempo más tarde, la adúltera se reencontraba con su amante ahora convertido en novio de su hija (Dominica Paleta). Cuando ésta se enteraba de la aventura de su madre con su marido, repudiaba a Regina. Tiempo más tarde, la hija descubría que era estéril y Regina, generosamente, donaba su útero para poder ser abuelita y recibir el perdón de su familia. Un final rosa para una tragedia adulta.

Muy lejos de rosa era el color de la sombría Señora. José Ignacio Cabrujas se inspiró en la novela de Gallegos, para crear un drama moderno sobre madre e hija enzarzadas en una lucha a muerte, cuyo premio era un hombre. Como Doña Bárbara, Constitución Méndez (Caridad Canelón), perdía inocencia y novio por culpa de los hombres. Estos se convierten en blanco de su venganza y los utiliza sin piedad. Únicamente, se da tregua cuando aparece en su vida Diego Mendoza (Carlos Mata, un abogado que le recuerda a su amor de juventud, pero entre ambos se interpone la ex presidiaria Eugenia (Maricarmen Regueiro).

Constitución usa todo su poder, dinero y hasta brujería para sacar a Eugenia de su camino, y del mundo, aún cuando muchos tratan de convencerla de que es su hija perdida. Los impulsos asesinos de Constitución no cesan ni después que la “Señora” tiene la certeza de que es la madre de Eugenia. “Nunca te di pecho, mi amor” le dice antes de abandonar el campo de batalla. Con eso indica que el instinto maternal no es tan instintivo. Tiene que nacer y crecer gracias a una relación estrecha entre madre e hija. Algo que Doña Bárbara (Edith González) sabía muy bien, por algo rechazó a su hija desde que nació para no crear lazos afectivos.

LA HIJA DE LA DEVORADORA

Para Bárbara, Marisela (Génesis Rodríguez) no existe. No le importa si come, si pasa frío, si no sabe leer o si la viola Mr. Danger. Le es completamente indiferente. Sólo viene a recordar su existencia cuando la ve como rival. Es ahí cuando se siente obligada darle a su hija una brutal explicación de porque la abandonó. “Te concebí con asco y te parí con odio”.

Tanto peligro vio la Doña en que Marisela viviera junto a Santos (Christian Meier), que quiso tardíamente recobrar sus derechos sobre la niña y hasta la secuestró, pero todo con la intención de alejar a una rival de peso. La Doña acusa a Marisela de ser débil, pero está consciente del poder femenino que reside dentro de su hija.

La tragedia es que Marisela sólo adquiere identidad como mujer atractiva, no como la única hija de Bárbara. En eso, La Devoradora transgrede tanto los lazos familiares como las leyes de la naturaleza. Iónico resulta que una gata salvaje que buscaba comida para sus cachorros sea quien se atreva a atacar a La Doña. Bárbara podrá decirle a Santos que es “su tigra”, pero hasta las tigras velan por sus crías, algo inconcebible para La “Diabla Satanaza” como la llama Marisela.