Cortesía de Brandon Cardet-Hernández
Brandon Cardet-Hernandez
July 28, 2016 AT 03:45 PM EDT

Como director de una escuela en el sur del Bronx, trabajo con jóvenes de color todos los días. Me dedico a servir a una comunidad de estudiantes que son brillantes y apasionados, pero a menudo olvidados mientras afrontan las dificultades que rodean a las personas de color en el 2016. Yo hago este trabajo porque estoy comprometido con la justicia social. Me dedico a luchar por la libertad colectiva. Pero también lo hago porque creo que cuando los jóvenes se sienten queridos y apoyados para que asuman liderato, son simplemente impresionantes, inspiradores y brillantes. Creo en ellos porque me cautiva la sinceridad con la que tantos de mis estudiantes ven el mundo y el potencial que hay en todos nosotros.

Puedo ver la grandeza de mis estudiantes porque estoy comprometido con sus sueños. Al punto que hasta me comprometo con los sueños de estudiantes que aún no pueden descifrar los suyos, pero que están llenos de sueños (como todos nosotros cuando éramos jóvenes). Me gusta exhortar a soñar asegurándome de que hay sueños que van más allá de la raza, clase social, ciudadanía, orientación sexual y género, y que existen meramente con el espíritu del progreso. Los sueños muchas veces requieren evolución, el tipo de evolución que solo ocurre con conocimiento, acceso y experiencias nuevas e inspiradoras. Aunque estoy ligado a la enseñanza y el aprendizaje, a menudo siento que mi verdadera vocación es facilitar oportunidades que pongan en marcha esos sueños. Esto obliga a mis estudiantes a que vean su potencial ilimitado gracias a nuevas experiencias y, por ende, a que crezcan en lo personal y académico.

Amo a mis chicos. Es difícil expresar la profundidad de mi amor. A través de sus éxitos y errores, triunfos y fracasos, los quiero porque estoy completamente dedicado a su potencial y a sus sueños. Porque estoy dedicado al desarrollo de sueños, a menudo me enfoco en el futuro y me temo que no aprecio al completo las experiencias que viven día a día mis chicos. Creo que lo mismo les sucede a muchos educadores que están comprometidos y son compasivos. Hacemos malabares con prioridades conflictivas, procuramos evitar conversaciones difíciles y enfocamos nuestras energías en fortalecer el futuro de nuestros estudiantes con un particular enfoque en el desarrollo de sus habilidades y personalidad, adquisición de contenido, acceso a universidades y fijación de objetivos. Mañana se convierte en hoy y lo urgente vs. lo importante a veces se vuelve nebuloso.

Y encima, los eventos de las últimas semanas se repiten. Más hombres negros muertos a manos de policías. Una historia que llena mi Facebook una y otra vez. Otro hombre de color con sueños, esperanzas, miedos y triunfos. Otra persona que “se parece” a mis chicos. El corazón se me rompe. Me obliga a cuestionar mi trabajo. ¿Cómo manejo todos estos elementos importantes de la enseñanza y el aprendizaje —y al mismo tiempo honro las vidas de mis estudiantes, cultivando el diálogo sobre la brutalidad policial y racismo institucional— y facilito oportunidades para que sean lideres? ¿Cómo cultivamos sueños cuando las experiencias de la vida real de tantos de mis soñadores están plagadas de mensajes persistentes de que “tú no importas, no estás a salvo, y tu vida corre peligro”?

Sin duda no podemos quedarnos callados. Tenemos que establecer un verdadero diálogo. Estamos ante un estado de emergencia y nuestras conversaciones y acciones deben reflejarlo como tal. Nuestro trabajo en los colegios debe reflejarlo también. Debemos expresar nuestra preocupación colectiva por los asesinatos de gente de color y debemos tener estas conversaciones difíciles con todo el mundo. Sí —al sentarnos a comer, en cada picnic, cada día de playa y con cada estudiante. Empezando por el primer día de clases, debemos honrar a nuestros jóvenes y sus sueños haciéndonos partícipes de su realidad.                                                                          

¿Pero como hablamos de este tema con nuestro estudiantes? ¿Cómo entablamos este diálogo tan desolador sin extinguir sueños? ¿Como propiciamos estas conversaciones cuando tantos adultos están tan incómodos con esta realidad? ¿Dónde existe el espacio en este trabajo para hablar sobre la violencia, el prejuicio y el odio que históricamente han existido para tantas familias durante generaciones? Como educadores progresistas que trabajamos con estudiantes de color, cuando una mayoría no comparte estas experiencias de vida con nuestros chicos (solo el 8 por ciento de los educadores en Nueva York, el distrito escolar más grande del país, son hombres de color), tenemos la responsabilidad de entablar un diálogo sobre las vidas reales de nuestro estudiantes. Y no debe ser solo sobre los tiroteos, aunque estos espantosos y sistemáticos actos de violencia cometidos por policías deben de mencionarse y las víctimas merecen ser honradas. Es también sobre el acoso diario que nuestros jóvenes sienten, la deshumanización por parte del sistema jurídico, y la criminalización incondicional de gente de piel negra y marrón. Se trata del historial de asesinatos de gente de color, empezando por Emmitt Till hasta Alton Sterling y Philando Castile.

Mientras el movimiento Black Lives Matter impulsa a los medios y a nuestro país a entablar un diálogo crítico y crea nueva visibilidad en torno a los asesinatos de gente de color, debemos utilizar esta nueva plataforma en todas nuestras formas de comunicarnos y llevar ese mensaje a nuestras aulas y comunidades escolares. Como educadores, si nuestra responsabilidad es desarrollar sueños, debemos respetar la realidad.

Esto no puedes ser una conversación única, una asamblea solitaria o momento de silencio porque estos no son casos aislados en las vidas de nuestros estudiantes. Debemos incluirlo en nuestras conversaciones con estudiantes, debe ser respetado y tenerse presente en los currículos y comunicados, y que sea visible en los pasillos y comunidades escolares a la vez que se refleja en las de nuestros estudiantes y sus familias.

No existe un remedio mágico. Ni manera correcta de hacerlo. Pero, soy un fiel creyente en que juntos podemos comenzar a identificar maneras que permitan a las escuelas transformar la pedagogía de manera tal que respete la realidad actual y que al mismo tiempo use la verdad como catalizador de crecimiento estudiantil (y el crecimiento de la comunidad escolar entera).

Brandon Cardet-Hernández
Cortesía de Brandon Cardet-Hernández

Brandon Cardet-Hernandez está orgulloso de ser el director de Urban Assembly Bronx Academy of Letters, una escuela pública en el South Bronx que sirve a estudiantes del 6-12 grados. También es el cofundador de Project Nathanael, una organización sin ánimo de lucro que financia el desarrollo de la educación y enseñanza en Port-au-Prince, Haití. Es cubanoamericano de primera generación y recibió el premio AmeriCorp National Leadership Award por sus contribuciones a movimientos sociales a nivel nacional y global.

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