Cortesía de Barlow Hartman
Jeniffer Rosa López / NYC
April 06, 2007 AT 06:00 PM EDT

Uno podría sacar a Lin-Manuel Miranda de Washington Heights, pero no a Washington Heights de Lin-Manuel Miranda.Así queda demostrado en la obra In the Heights, una pieza en dos actos escrita por el joven puertorriqueño de 28 años, basada en el libro del mismo nombre de Quiara Alegría Hudes que trata sobre el transcurrir de la vida en unvecindario neoyorquino mayormente latino.

La obra es todo un fenómeno: tuvo 13 nominaciones al Tony, de las cuales se coronó campeona en cuatro categorías: Mejor Musical, Mejor Partitura (ambos premios para Lin-Manuel Miranda), Mejor Coreografía y Mejor Orquesta.

Aficionados y no tan aficionados del teatro se desplazan, y ahora con más razón lo harán, desde la calle 200 de la ciudad hasta Broadway, sólo para presenciar cómo de sus vidas se ha hecho una historia. Basta con decir que entre sus fanáticos se encuentra su majestad, Helen Mirren.

¿Cuál es la procedencia de tu nombre?
Mi papá, cuando era joven, creció como un socialista puertorriqueño y tomó mi nombre del poema “Para mi bebé Rojo Lin-Manuel”.

¿Siempre quisiste ser actor?
Quería ser Steven Spielberg, dirigir películas y solía grabarlo todo con la cámara de vídeo de mis padres. Comencé en el teatro en el sexto grado, teníamos una obra y en vez de hacer un musical, hicimos versiones de 20 minutos de seis musicales diferentes. Para cuando tenía 12 años, ya era Bernaldo, Captain Hook… Tengo 28 años, empecé a escribir musicales en escuela superior. Escribí el primer borrador de In The Heights en segundo año universitario (Wesleyan University).

Hablemos de la obra entonces..
Crecí con [la música] de El Gran Combo, Juan Luis Guerra y Rubén Blades, me gustaba la narración de sus canciones. Quería ver ese tipo de narraciones en un escenario. Quería crear una historia con música latina, y también crecí escuchando hip hop.

¿Cómo surgen los personajes, las historias?
Quiara (Alegría Hudes), la escritora del libro y yo queríamos usar todo con lo que crecimos y ponerlo en el show. Mis papás trabajaban y me cuidaba una mujer que no era mi abuela pero así la llamaba, abuela. Edmunda Castillo era una jugadora compulsiva y solía acompañarla a la Bodega donde estaban todas las máquinas y los billetes de lotería. Mi trabajo era jalar el brazo (la palanca) y ella depositaba monedas por tres horas al día. Ella fue la base para (el personaje) Abuela Claudia. Mi madre es una sicóloga y mi padre trabajaba en política. El tema del sacrificio para que yo pudiera estar mejor, es un tema muy latino, es una historia clásica de inmigración y tratamos de incorporar todo eso en la obra.

¿Quién te dio la mano siendo tan joven?
Tuve mucha suerte, cuando estaba en segundo año de universidad, dos graduados habían comenzado su propia compañía de producción (Backhouse Productions) y vieron mi obra y me dijeron: “Lin-Manuel, cuando te gradúes nos gustaría ayudarte a llevarla a Nueva York”. Una semana después de graduarme me reuní con ellos y con el director Tomas Kail. En la universidad, la pieza era solamente un acto de ochenta minutos. Trabajamos juntos por un año y desarrollamos un musical de dos actos. En el 2003 hicimos un ensayo de la obra, algo sencillo, solamente los actores cantando al son de un piano, pero Kevin McCollum y Jill Furman vinieron a esos ensayos, ellos han producido Avenue Q (entre otros).

Ahora que comienza el éxito, ¿Todavía vives en Washington Heights?
Sí, en Inwood, la última parada.

¿Te ha sorprendido algún fanático?
Ayer precisamente recibí una carta de una fanática diciéndome que le había gustado en la obra, era Helen Mirren The Queen. Ni siquiera sabía que estaba allí.

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