Mezcalent
Miriam Giglio / Cd. de México
September 22, 2008 AT 01:00 PM EDT

Una gran paradoja es la creencia casi universal de que la belleza es felicidad. En un mundo en que el objetivo principal parece ser alcanzar la perfección física, nos tropezamos a cada instante con ejemplos de desdichas que afligen a los bellos, y la telenovela nos enseña que ser guapa trae más desgracias que alegrías.

LA MALA SUERTE DE LA BONITA
Todos nos identificamos con heroínas feas, gordas o viejas que luchan por su derecho al amor y la felicidad, pero rara vez caemos en cuenta que son los lindos quienes mas sufren en los culebrones.

Si Sofía (Adela Noriega), de Fuego en la sangre, no fuera hermosa, Fernando (Guillermo García Cantú) nunca la hubiera ultrajado, cementando así el camino de su desdicha. Si Barbarita (Edith González) hubiese tenido un gran bigote como el de La fea, no la hubieran violado los contrabandistas, no hubiera nacido la leyenda de Doña Bárbara. Si Marisela (Génesis Rodríguez), hija de La Doña, no fuera guapa, Mr. Danger no la acosaría y su propia madre no la vería como rival. Las bonitas son un peligro para sus congéneres que las miran con recelo a sabiendas de que sus hombres se irán tras ellas, intentando conseguir sus favores a la fuerza si es necesario.

En Destilando Amor, Minerva (Chantal Andere), conciente de que su marido era un mujeriego compulsivo, exigía que tuviera adefesios como secretarias. Cuando Aarón (Sergio Sendel) contrataba a la bella Gaviota (Angélica Rivera), Minerva montaba un berrinche y ya pronto se le unían las tres mujeres de la familia Montalvo. Para todas era un peligro tener suelta por la empresa a tamaño monumento. Aunque Gaviota luchaba por demostrar su inteligencia y astucia para los negocios, era su hermosura la que le abría puertas con los varones y se las cerraba con las damas.

La esclava Isaura (Bianca Rinaldi) también llevaba a cuestas la cruz de la perfección física que la convertía en el objeto de deseo y obsesión de su amo Leoncio (Leopoldo Pacheco). Aunque Isaura se resistía con todas sus fuerzas, muchas la veían como una mustia que sonsacaba a los hombres con sus artimañas de mosca muerta. La misma Malvina (María Ribeiro), esposa de Leoncio y protectora de Isaura, la acusó una vez de provocar a su marido con esa virtud tan rebelde. Si Isaura hubiese sido una gorda celulítica, jamás hubiese inspirado tanta lujuria ni palabras tan rencorosas.

LA MALDICIÓN DE SER BELLA
En las telenovelas otro castigo de ser atractiva es atraer un mal marido. Del encanto de Matilde (Adela Noriega) se aprovechó su codiciosa familia para vendérsela al DR. Fuentes Guerra (Fernando Colunga) en Amor real. En Al diablo con los guapos, la belleza de Mili (Alisson Lozz) incitó a su marido (Andrés Zuno) a casi violarla y convertir su “matrimonio blanco” en algo muy negro. Andrea (Natalia Streignard), de El Juramento, es una veterinaria muy agraciada. Si fuera fea, Santiago (Osvaldo Ríos) no la hubiese creído capaz de empujar a su hermano al suicidio ni se hubiese casado con ella para cumplir su venganza.

La belleza es una maldición en la telenovela, nunca una ventaja. A final, tanto heroína como antagónica son preciosas, por lo que para decidir entre ambas, el héroe tiene que convertirse en juez de concurso de belleza. Es que en estos tiempos, una cara bonita no es un factor tan exótico, e incluso puede carecer de valor si no va acompañado de otros atributos como un busto prominente como le ocurrió a Cata (Carmen Villalobos) cuando descubrió que Sin senos no hay paraíso.

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