Fabien Tijou
Isis Sauceda
August 21, 2006 AT 11:00 AM EDT

La velada había durado hasta altas horas de la madrugada y el sol estaba a punto de aparecer en el horizonte. Pero la trasnochada valió la pena. Las muestras de cariño y felicitaciones que recibió Eduardo Santamarina al cumplir 37 años, le reafirmaron lo mucho que es querido por sus amigos. Sin embargo, esa noche le hacía falta algo… o mejor dicho alguien. Al llegar a su apartamento en el exclusivo barrio de El Pedregal, en Ciudad de México, lo esperaba un gigantesco ramo de rosas rojas que cerraron el día con broche de oro. ¿Quién lo habría enviado? La tarjeta lo explicaba: “Todo el día estoy pesando en ti. Te amo y te lo quería decir”.

Pasaban de las cuatro de la mañana cuando Susana González, de 32 años, escuchó que alguien tocaba a su puerta. Se levantó todavía medio dormida para encontrar a su ex novio con una gigantesca sonrisa en los labios y sin decir una sola palabra éste la tomó en sus brazos y la cubrió de besos. Luego vino una pregunta clave: “¿Quieres ser mi novia otra vez?”, le preguntó el galán de la obra de teatro Aventurera y la nueva telenovela Juan Querendón. “¿Quieres tú ser mi novio también?”, contestó ella. Y a partir de ese día, el 9 de julio, Eduardo y Susana volvieron a encender la llama del amor.

No es un capítulo de una nueva telenovela, no –ni la letra de un bolero. Es realmente como sucedió la reconciliación entre estos dos tortolitos tras casi seis meses de estar separados. “Yo veía en ellos como que había esa chispita, esa magia, esas sonrisitas que detonan y dicen que van a regresar”, cuenta Luis Ángel Ramírez, amigo de esta pareja de actores. “Decidieron dejar atrás las causas que pudieron llevarlos a algún conflicto. Tuvieron un aprendizaje y están muy emocionados”.

La distancia pudo haber sido una causa de su ruptura –ella estaba en Miami grabando la telenovela El amor no tiene precio (Univisión)– o la convivencia diaria cuando ella regresó a México, expresó Santamarina a PEOPLE EN ESPAÑOL cuando cubrimos su ruptura, o quizás la diferencia de caracteres. Lo cierto es que les hacía falta platicar. Y platicaron. Varias horas esa noche, dice Santamarina. Y así dejaron el pasado atrás, aclarando que su amor pudo más que todo lo que se había rumorado en la prensa: que si tenía amoríos con la conductora sonorense Maru Haro, de 35 años, o que si había regresado con su ex esposa y madre de sus gemelos, Itatí Cantoral, de 31. “Yo con Itatí ya tengo más de dos años de divorciado, entonces no viene al caso que sigan mencionando a mi ex mujer. Son temas que ya no quiero tocar y Susana mucho menos”, deja saber Santamarina.En esta segunda vuelta, como el actor decide llamar al nuevo noviazgo, no hay cupo para inventar nuevas relaciones o hacer creer que existe algo entre Santamarina y Cantoral que vaya más allá de una cordial relación por el bien de sus hijos, Eduardo y Roberto Miguel, de 6 años. Es que no se puede negar la buena vibra y energía que la pareja transmite cuando están juntos, todo el tiempo muy acaramelados. “Se aman y se adoran. Están muy enamorados, y hoy por hoy [Eduardo] es el hombre de la vida de Susana”, asegura Yanira Reveles, la mejor amiga de González. “Los dos están felices y ella está muy en paz porque se quieren mucho. Se cuidan y se tratan muy bien”.

Aparte de todo se admiran mutuamente. No es raro que Santamarina se aísle del mundo todos los domingos durante la transmisión de Bailando por la boda de mis sueños (Televisa) para ver a su amada desenvolverse en la pista. “No se pierde detalle y le habla en el intermedio para darle consejos”, cuenta Roberto Ruano, íntimo amigo de Santamarina. “Los dos están muy al pendiente el uno del otro”.

En este nuevo intento, vivir juntos aún no está en su agenda. Pero sí hacer realidad el sueño de Enrique Barrera, su pareja en el programa de televisión. ¿Será que González también está bailando por la boda de sus sueños? “Yo me veo casada con él y formando una familia”, insiste González. “Regresé con el hombre con quien me veo en un futuro. Estoy feliz e intentándolo de nuevo”.

Y Santamarina, ni corto ni perezoso, confiesa que ya quiere tener una niña. ¿Embarazo a la vista? Sólo el tiempo lo puede decir.

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